
Giras multitudinarias, películas, presentaciones en TV y figuritas estaban lejos de la intención de una discográfica española que al crear la banda de los colores solo quería achicar sus márgenes de pérdida y se encontró con un fenómeno cuando los mandó a la Argentina
Fueron una calculada estrategia de marketing, un fenómeno social, los primeros chicos en cantarle a chicos, un éxito sin precedente tanto en España y Latinoamérica. Pero también fueron cinco chicos a los que le robaron dinero e infancia, nenes de diez, once o doce años que se enfrentaron a lo más bajo del mundo del espectáculo, víctimas de padres inescrupulosos y portadores de un estigma que todavía hoy los acompaña y condiciona. Marca de la que intentaron revelarse como pudieron, escondiéndose de los demás o entregándose a los excesos. Los Parchís para las cámaras eran todo risa y alegría, pero cada vez que terminaban un show y bajaban del escenario, se acercaban un poco más a un destino oscuro e impiadoso.

