
Errol Flynn, el actor nacido en Australia, fue conocido por sus papeles de noble en películas como Las aventuras de Robin Hood y El capitán Blood, terminó su vida en la ruina, muy lejos de los brillos de Hollywood
El médico encargado de realizar la autopsia en la morgue de Vancouver, Canadá, aquel 14 de octubre de 1959, estaba convencido de que había un error en la historia clínica. El documento afirmaba que el cadáver pertenecía a un hombre al que le faltaban solo un par de meses para cumplir los 50. Pero todo contradecía esa información. El hombre, muerto tras un paro cardíaco, tenía cirrosis y divertículos en el colon. La autopsia reveló también que en el momento de su muerte tenía un 0,25 por ciento de alcohol en sangre y que sufría de verrugas genitales. Por su estado físico, el galeno creía que el paciente estaba cerca de los 75 años. Sin embargo, la realidad era otra: Errol Flynn, la estrella de Hollywood conocida por ser el rey de los espadachines, un galante aventurero de fino bigote tanto en pantalla como fuera de ella, murió lejos del cine, al borde de la ruina económica y con su salud terriblemente deteriorada después de llevar una vida llena de excesos que le dieron tanta fama como sus papeles en cine.

