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Margarita Páez: es hija de un rockero y de una actriz e interpreta a una de las hijas de Barreda

En su primer gran proyecto cinematográfico, se pone en la piel de Adriana, una de las cuatro víctimas del odontólogo platense; la joven conversó con LA NACION sobre la intensidad del rodaje, la contención de su familia y la responsabilidad de recuperar una voz silenciada

Es hija de un rockero y de una actriz e interpreta a una de las hijas de Barreda: “Fue muy movilizante”
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Durante años, el caso de Ricardo Barreda fue contado a partir de la figura del asesino. Sus declaraciones, el apodo con el que decía ser humillado y hasta cierto humor social que se construyó alrededor de su historia ocuparon el centro de la escena. Mucho menos se habló de las víctimas: su esposa, Gladys McDonald; su suegra, Elena Arreche, y sus hijas, Cecilia y Adriana.

Ese desplazamiento es uno de los puntos de partida de Barreda, la película dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín. Margarita Páez -la hija de Fito Páez y de Romina Ricci- interpreta a Adriana, la hija menor del odontólogo, y conversó con LA NACION sobre cómo fue enfrentarse, de la mano de ese personaje, a su primer gran desafío cinematográfico.

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Margarita Páez conversó con LA NACION sobre su debut en la película Barreda, disponible en Prime Video
Margarita Páez conversó con LA NACION sobre su debut en la película Barreda, disponible en Prime VideoAdrian Diaz Bernini

La actriz conocía el caso, aunque admite que su información estaba atravesada por la versión que se instaló en el imaginario colectivo. “Sabía que a él le decían ‘Conchita’ y que supuestamente lo habían maltratado. Conocía ese titular que conocemos todos desde un lugar bastante ignorante, porque uno escucha eso y muchas veces no se pone a investigar”, reconoce.

Acercarse a Adriana implicó entonces correr el foco, buscar los escasos rastros que quedaron de ella y construir, con respeto, la vida de una joven asesinada por su propio padre.

—Este papel puede hacer que mucha gente comience a reconocerte de otra manera. ¿Cómo vivís ese lanzamiento?

—Estoy muy contenta. Siento que arranqué con el pie derecho por el elenco, la producción y todo lo que significó la película. Es tremendo y muy hermoso que se me empiece a conocer con un proyecto así, interpretando a Adriana, una de las hijas de Barreda y una de sus víctimas.

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Margarita Páez junto a Maite Lanata, en una escena de Barreda
Margarita Páez junto a Maite Lanata, en una escena de Barreda

—A diferencia de lo que sucede con Barreda, sobre Adriana existe muy poca información. ¿Cómo construiste el personaje?

—Desde el comienzo teníamos un guion y una directora que sabía muy bien lo que quería. Pero, al mismo tiempo, era un gran desafío para mí porque se trataba de mi primer proyecto de esta magnitud. Tomé clases con Francisca Ure, mi profesora de teatro, para no llegar desnuda al set, para tener algunas herramientas de las cuales agarrarme. Después, el personaje surgió mucho desde el imaginario y se fue construyendo con Mercedes [Morán], Maite [Lanata], Luis [Machín] y Carla [Peterson]. También traté de pensar en la época: imaginar una familia común de los años noventa que vivía en La Plata y trabajar desde los vínculos entre ellos.

—¿Pudiste conversar con alguien que hubiera conocido a Adriana?

—No tuve esa posibilidad. Maite sí habló con una amiga de Cecilia y pudo conocer algunas cosas de ella: que le encantaban sus rulos, por ejemplo, y que tenía muchas ganas de independizarse, irse de su casa y conseguir un trabajo. De Adriana no pude hablar con nadie. Encontré en internet una fotografía junto a su novio que me resultó muy especial. Hay una o dos imágenes de las hermanas, pero esa foto era distinta. Me ayudó a acercarme a ella.

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Margarita Páez: "Repetir una y otra vez la escena en la que mi papá me apuntaba fue horrible"
Margarita Páez: "Repetir una y otra vez la escena en la que mi papá me apuntaba fue horrible"Adrian Diaz Bernini

—¿Qué te provocaba interpretar a una joven de una edad cercana a la tuya que fue asesinada por su padre?

—Sentía, ante todo, muchísimo respeto por ella y por su familia. Atravesé muchas sensaciones durante la filmación. Ya era fuerte grabar la cotidianidad de esa familia, pero también tuvimos que reconstruir el asesinato. Fue una escena muy intensa, aunque todo estuvo sumamente cuidado y trabajamos con un coach de movimiento. La primera vez que ensayamos lo hicimos sobre unas colchonetas. Cuando caí, lo primero que pensé fue: “Yo me puedo levantar”. Yo podía levantarme de esa colchoneta, pero ellas no pudieron hacerlo. La dimensión de lo que pasó me fue cayendo de a poco.

“Sentí una energía muy pesada”

La actriz reveló que la inmersión en aquella historia no terminaba cuando se apagaban las cámaras. El vestuario, el maquillaje y la casa reconstruida para la película contribuían a generar la sensación de estar habitando una realidad ajena y dolorosamente concreta. “Significa algo pasar todo el día vestida como alguien que no sos, peinada y maquillada como ella, dentro de una casa que tampoco es la tuya. Hay información que va decantando. El día en que filmamos el crimen fue especialmente fuerte”, recuerda.

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—¿Sentiste que el rodaje tenía una energía particularmente pesada?

—Sí, durante toda la película sentí una energía muy pesada. Después me sucedieron algunas cosas en lo personal y tuve un par de ataques de pánico. No fueron durante el rodaje, pero sí estuvieron relacionados con todo lo que me estaba pasando alrededor de la película. Prefiero no profundizar porque quiero ser respetuosa con ellas y, en particular, con Adriana, que fue la persona con la que más me involucré. También aprendí que, en estos casos, es necesario separar y cuidarse.

—¿Sentiste que debías pedirle permiso de alguna manera?

—Sí, algo así. Fue muy particular. Creo que hay que ser conscientes de que nosotros estamos acá, pero que existe una energía que, si uno la llama, puede aparecer.

Páez elige hablar de esas sensaciones desde un plano íntimo y personal. No pretende transformarlas en certezas, pero asegura que condicionaron su manera de transitar el personaje. A la intensidad de la historia se sumó una experiencia completamente nueva: vivió durante el rodaje en Uruguay y tuvo que aprender a administrar el desgaste emocional de su debut cinematográfico.

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La actriz junto a su novio, Balthazar Murillo
La actriz junto a su novio, Balthazar MurilloGerardo Viercovich - LA NACION

—¿Cómo lograste salir del personaje y recuperar tu eje?

—Estuve muy contenida por mi familia y por mi novio, Balthazar [Murillo, quien interpretó a Carlos Tevez en la serie Apache], que viajó casi todos los fines de semana. Hubo veces en las que vino por un solo día. Fue un amor y me ayudó muchísimo. Durante la última semana estuvieron mi mamá, mi hermana, mi hermano, mi papá y mi novio. Me sentí realmente acompañada. También hubo mucha contención dentro del elenco porque todos estábamos atravesando lo mismo: nos levantábamos, desayunábamos juntos y sabíamos que teníamos que filmar escenas muy duras.

—Venís de una familia de artistas. ¿Qué herramientas o consejos recibiste de tus padres?

—Sobre todo, me dijeron que disfrutara y fuera consciente del privilegio de estar haciendo una película así, junto a actores enormes. También me ayudaron a entender que debía meterme de lleno, pero aprender a separar y a cuidarme. Yo me había entregado demasiado. Mi mamá, que es actriz, pudo comprenderlo perfectamente. De hecho, mi familia viajó porque yo estaba un poco flojita. Tenerlos cerca me salvó el alma.

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Aunque la producción no contó con un acompañamiento psicológico específico, la actriz destacó el cuidado de Goggi y de la productora Natalia Agudelo. “Cada vez que me sucedía algo podía hablarlo con Dani o con Nati. Siempre estuvieron disponibles para preguntarnos cómo nos sentíamos. Todo el equipo era consciente de lo que estábamos filmando”, señala.

Uno de los momentos que más la conmovió ocurrió durante la reconstrucción del asesinato. La cámara debía registrar la reacción de Adriana frente a la escopeta de su padre y Machín decidió permanecer fuera de cuadro para darle la referencia.

“Él podría no haber estado y yo habría tenido que imaginarlo, porque eso también sucede en el cine. Pero se quedó, apuntándome con la escopeta, para que yo pudiera hacer el plano. Repetir una y otra vez la escena en la que mi papá me apuntaba fue horrible. Muy fuerte”, admite.

Margarita Páez: "Desde mi experiencia, puedo asegurar que sentí que ellas estaban ahí. Al menos percibí a Adriana muy atenta a todo lo que hacíamos"
Margarita Páez: "Desde mi experiencia, puedo asegurar que sentí que ellas estaban ahí. Al menos percibí a Adriana muy atenta a todo lo que hacíamos"Adrian Diaz Bernini

—¿Alguna vez sintieron una presencia dentro de la casa?

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—Yo no vi que se moviera nada ni me enteré de que hubiera pasado algo puntual. Pero, desde mi experiencia, puedo asegurar que sentí que ellas estaban ahí. Al menos percibí a Adriana muy atenta a todo lo que hacíamos.

—Durante mucho tiempo solo se escuchó la voz del asesino. ¿Sentías la responsabilidad de representar a quienes quedaron desdibujadas?

—Sí. Lo que hicimos es muy movilizante: estamos filmando una película sobre una persona que ya no está porque la mató su propio padre. Desde ese lugar debíamos acompañarlas y ser responsables con ellas. Ojalá la película consiga que el público se haga preguntas y que, al menos en alguna persona, cambie la mirada sobre el caso.

Margarita junto a su madre, Romina Richi
Margarita junto a su madre, Romina RichiRodrigo Néspolo

—Después de una experiencia tan intensa, ¿seguís queriendo apostar a la actuación?

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—Por supuesto. Yo no paro. Amo el cine y fue muy loco poder vivirlo tan desde adentro. No paré un segundo desde que terminó la película y ojalá se vengan muchísimas cosas más.