
1


Hubo un tiempo remoto. Cuando los mitos no eran mitos. Cuando las calles adoquinadas de Buenos Aires se rendían ante el sensual ronroneo de algún bandoneón. Tiempos lejanos donde los hombres jóvenes parecían hombres adultos. Y las voces indiscutidas del tango eran tres: Carlos Gardel, Ignacio Corsini y Agustín Magaldi: “el cantor callado”. Antes de que la historia oficial sellara para siempre el calibre de estas figuras, hay que decir que Magaldi, el único argentino de nacimiento, terminó convirtiéndose en una celebridad de nivel gardeliana. Aunque hoy se lo recuerde vagamente. Una voz casi olvidada, podría decirse.



