
Iván Ramírez, el humorista que dejó las máscaras y salió de su zona de confort para estar en el ciclo de Guido Kaczka
Es uno de los participantes del programa de eltrece Es mi sueño, hace Viralizados y prepara su unipersonal para el verano
Cuando lo convocaron de Es mi sueño, el programa que Guido Kaczka conduce en eltrece, tuvo temor de mostrarse sin máscaras. Porque Iván Ramírez es imitador, uno de los pocos que invierte en maquillaje y pelucas para hacer más de 150 personajes. Sin embargo, lo animaron y entendió que sabe cantar y la única diferencia es que esta vez no tiene que esconder su voz detrás de un látex. Además, es parte de Viralizados (América), el único programa de humor en la televisión de hoy, y acaba de estrenar el ciclo Iván y vienen en el canal de streaming Mejunje. En diálogo con LA NACION, Ramírez cuenta que su primera imitación fue hacer de Lía Crucet y que su bisabuela le cosió el vestuario. Habla de cómo se dio cuenta de que sus imitaciones podían dejar de ser un hobby para transformarse en su forma de vida.
—¿Qué pensaste cuando te llamaron de Es mi sueño?
-Que iban a agregar humor. Trabajé con Guido en Hacelo feliz cuando tenía 17 años y pensé que quería hacer intervenciones de humor con algún personaje. Pero me dijeron que no era eso y que buscaban que fuera como participante, a cara lavada. Y lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz. Nunca lo había probado y tampoco salía en televisión como Iván, sino caracterizado como algún personaje.
—Entonces, ¿te dio miedo o te gustó la propuesta?
—Me encantó la propuesta porque entendí que llegó la hora de dar la cara. Basta de máscaras, de pelucas y de maquillaje. Y lo estoy disfrutando mucho porque volví a sentir esos nervios cuando estamos a punto de cantar, se apagan las luces y está el jurado. Salí de la comodidad de las imitaciones. Hay mucha adrenalina y me encanta.
—¿Tomás clases de canto para reforzar o lo tuyo es natural?
—He tomado muchas clases de canto durante mucho tiempo y ahora, en el programa, tenemos asistencia de un gran equipo de coaches vocales con los que ensayamos y nos enseñan a cantar mejor. Siempre hay que estar bien cuidado con la técnica vocal para no romper la voz. Justamente, al ser imitador y hacer diferentes voces, puedo romper un poco la voz y necesito tener mucho cuidado.
—¡Guido fue tu celestino con la televisión!
—¡Sí! Había competencias de imitaciones y yo imité a Dread Mar-I y desde ahí no paré porque al otro día me llamó Beto Casella para Bendita, después Mariano Iúdica para Polémica en el bar, Marcelo Tinelli para ShowMatch, Fátima Florez para hacer temporada de teatro, Jorge Lanata en el último año de Periodismo para todos, Bienvenidos a bordo con Laurita Fernández... Y todo fue gracias a Guido. Pasaron once años y volví a su programa, ya con una trayectoria.
Del hobby a ganarse la vida

—¿Cuándo descubriste que imitar podía ser más que un hobby?
—Siempre imité de manera muy natural. Es un don porque no es algo que aprendés. No hay una escuela de imitaciones. Es muy complicado contar cómo hago, cómo es el movimiento de las cuerdas vocales al expulsar el aire para imitar cada voz. Muchos profesores de canto me dicen que tengo una técnica muy particular, que nadie conoce. Hasta lo he hablado en terapia esto de habitar diferentes personajes porque puede pasarte que perdés un poco la personalidad. Por eso me interesó la propuesta de Guido porque puedo mostrarme como soy, cantar con mi voz y vestirme como me gusta. A los 7 años empecé a imitar a los vecinos de Lomas de Zamora, a la gente de la tele. Primero fue como una burla: “Uy, mirá cómo habla... Uy, mirá cómo es”. Imitaba a las maestras también, las volvía locas y se mataban de risa. Ya en la secundaria, para los cumpleaños de 15, mis amigas me decían: “Vos que sos medio payaso, no te animás a cantar, a hacer un karaoke, a animar un poco la fiesta”. Y dije que sí, y ahí empecé con las imitaciones.
—¿Cuál fue tu primera imitación?
—Lía Crucet, vestido como ella. Tenía 14 años y mi bisabuela me hizo el vestuario. Me acuerdo de que no me compraba la merienda en el colegio para juntar plata para la peluca y las lolas de plástico. Imaginate entrando como Lía Crucet cantando “La güera Salomé”. Después hice a Abel Pintos y a Rodrigo, y gracias a eso me empezaron a contratar... Esa noche me salieron tres eventos y no entendía nada porque yo lo había hecho para darle un buen show a mi amiga. Me parecía raro que me contrataran y que me pagaran por lo que me gustaba hacer. Así empecé a trabajar.
—¿Y tus papás te ayudaban?
—Sí, me acuerdo de que mis viejos me acompañaban, me llevaban, me conectaban el micrófono, me esperaban... No era por una cuestión de necesidad, sino de placer, de ver qué onda con todo eso. Y no paré. Siempre tuve inseguridades y pensaba que tenía que tener un título, estudiar una carrera universitaria. Empecé a estudiar Historia, pero duré medio año porque me llamaron de Bendita y de Radio Vale con Laurita Fernández, y no me daba el tiempo. Entonces mi mamá me dijo: “Tirate a la pileta si es lo que te gusta”. Fue la mejor decisión que pude haber tomado porque de ahí no paré nunca más.
No es cuestión de cantidad sino de calidad...

—¿Cuántas imitaciones hacés?
—No llevo exactamente la cuenta, pero más de 150 entre artistas, cantantes, políticos, deportistas, dibujos animados... No me interesa la cantidad, sino la calidad de los personajes que ofrezco al público.
—¿Y cómo estudiás a los personajes?
—Cada imitador tiene su método. Algunos empiezan por la voz, otros por los movimientos, otros por las caracterizaciones. Para mí, lo más importante es algo que tiene que ver con la actuación y entender la psicología del personaje que voy a imitar. Necesito entender cómo piensa, meterme, habitarlo y saber por qué se mueve así, por qué habla de tal manera, qué es lo que le preocupa o lo que le gusta. Hago un seguimiento de fanático... Soy como Bebé Reno de todos los personajes que hago, porque tengo una cuenta falsa en la que sigo a todas las personas que imito y me voy enterando de lo que hacen todo el tiempo [risas]. Entonces, primero me lleno de mucha información y practico la voz y la gestualidad, y por último, vienen la peluca, el maquillaje y la máscara. Esa es la frutilla del postre. Puedo contestar cualquier pregunta que le hagas a Messi o a Francella...
—¿Tenés preferidos?
-Disfruto más los que están en tendencia. Hace poquito estrené la imitación de Virginia Lago y fue un boom total en las redes sociales; me ha dado más de diez mil seguidores en menos de una semana y los videos han llegado a cuatro millones de reproducciones. Un personaje es como una torta que sale del horno... Pero hay una estadística de los más pedidos que son Francella, Barassi y Lizy Tagliani. Son los tres más pedidos por la gente.
—¿Y alguno se ofendió alguna vez?
—Ninguno se ofendió ni se enojó, al contrario, se rieron mucho. Y algunos hasta me contratan para su fiesta también. Hace poco Francella me contrató para el cumpleaños de su hermano y fue increíble porque que te contrate el número uno del humor y el gran actor que tenemos en la Argentina para hacer reír a los suyos, es una responsabilidad muy grande. Cada imitación que hago es como un homenaje porque de verdad que hay mucha inversión. Las prótesis que utilizo son muy caras y encima no son reutilizables. Invierto mucho también en pelucas de pelo natural; tengo un equipo maravilloso que me hace todos los vestuarios de cada personaje. Nadie se enojó, más bien se sorprenden, como diciendo: “Mira cómo me hace, mirá te conseguiste la misma ropa”. Se celebra mucho eso porque dejo todo en cada personaje.
—¿A qué imitador admirás?
—Crecí mirando VideoMatch y su sketch de “Gran Cuñado”. Soy de Lomas de Zamora como Martín Bossi, que vivía a dos cuadras de la casa de mis viejos. Bossi siempre fue mi referente. También Fátima Florez. Y hoy en día tengo una amistad muy linda con los dos, que me han dado muchas posibilidades de trabajar con ellos. Hoy en Es mi sueño estoy descubriéndome como artista también, pero no reniego para nada de estar siete horas para colocarme la máscara y vestirme como el personaje. Es algo que me fascina.
—¿Te lleva siete horas prepararte para una imitación?
—A veces estás siete horas para hacer una imitación. Para la colocación de una prótesis son cuatro horas, mínimo, de estar sentadito y que te la peguen, hacer la prueba, empatar el color de la piel, los detalles, colocar la peluca y vestirme. Y después hay dos horas más para sacarse el maquillaje. No me puedo arrancar la prótesis... Tiene que ser suavecito, algodón por algodón, el pegamento te queda como por dos días, tengo que usar 20 millones de crema. Es un gran trabajo y tengo un gran equipo que me ayuda mucho.
“Soy muy romántico”
—¿Por qué pensás que hoy ya no hay programas de humor?
—Viralizados es el único programa de humor de la televisión. Y es una contradicción muy grande porque estamos en un momento en el que la gente necesita reírse mucho. Reírse es una necesidad... Los humoristas somos como servidores sociales porque trabajamos para hacer un bien a la gente, para generar una distracción. Entiendo que tiene que ver con una cuestión de presupuesto.
—¿Estás trabajando en alguna imitación nueva?
-Estoy muy focalizado en los eventos y me ha llegado una linda propuesta para hacer mi unipersonal en Mar del Plata. Es la primera vez que haría temporada con algo mío porque ya estuve con Fátima en Mar del Plata y Villa Carlos Paz. No hay nadie que haga un show de imitaciones con banda en vivo. Estoy con muchas ganas. Y en octubre se estrena la segunda temporada de la serie Coppola en la que hago un personaje muy conocido, pero no puedo adelantar más.
—¿Es una imitación o es una actuación?
—No puedo decir [risas]. La imitación es la rama más difícil de la actuación porque nos comparan con la persona real.
—¿Y te molestan las comparaciones?
—Los haters de la vida están siempre. No importa que hablen bien o mal, lo importante es que hablen, que digan, hacer ruido. Disfruto cuando pasa eso. No me molesta porque tengo mucha seguridad en lo que hago.
—¿Has echado mano a alguna imitación para seducir a alguien?
—Puede ser una gran opción, pero nunca lo hice. Quizás cuando era más pibe y quería estar con una chica y le preguntaba ¿quién te gusta? ¿Ricardo Arjona? Y le mandaba un audio cantando como Arjona. Soy muy romántico; me encanta estar enamorado, la cita, las flores, el video, la cartita de amor... Igual estoy solo ahora, pero me gusta estar en pareja. A los personajes los dejo para la tele o el teatro.
