
Se crio en una familia de inmigrantes judíos y siendo casi una niña debutó en teatro junto a Florencio Parravicini; interpretar a millonarias caprichosas fue su “caballito de batalla” en el cine
Atravesó gran parte del siglo XX. Fue testigo de trascendentes hechos mundiales que le cambiaron la fisonomía al mundo y de cómo se transformaron los modos de la actuación en sincronía con los adelantos que fue proponiendo la tecnología. Cuando nació, el 25 de enero de 1911, hacía menos de dos décadas que los hermanos Lumière habían exhibido algo similar a una película con una tertulia en el Gran Café de París. Paulina Singerman, de ella se trata, fue una actriz popular, muy querida en su tiempo. Estrella del cine y el teatro y, ya en la madurez de su vida, también figura de la televisión. El estereotipo de damita de alcurnia y caprichosa le sentaba bien, pero fue mucho más que eso. A lo largo de más de seis décadas de trabajo artístico, demostró que podía transitar otros lenguajes como el dramático, género que no le interesaba tanto y que hasta le generaba cierto tedio interpretativo.
