
Tippi Hedren, la protagonista de Los pájaros, planeó hacer una película sobre la convivencia pacífica entre humanos y animales salvajes en la que demostró todo lo contrario; el encuentro de Jodie Foster y su coprotagonista más peligroso: Zamba, el león
En el comienzo, a mitad de la segunda década del siglo XX, cuando Hollywood pasó de ser un punto en el mapa de California a convertirse en sinónimo de la producción de cine industrial, el negocio naciente era visto como el hermano menor y no especialmente agraciado del teatro de Broadway. La magia de sus imágenes era poco atractiva para algunos y sus sonidos, si los tenía, no podían competir con la belleza de la palabra y la música que ofrecían los escenarios. Tal vez por eso, cuando los empresarios teatrales Samuel Goldfish, Edgar y Archibald Selwyn planificaron su mudanza al Oeste para abrir un estudio, Goldwyn Pictures, la sugerencia de Howard Dietz, su jefe de prensa, de usar la imagen de un león rugiente como símbolo del emprendimiento les resultó atractiva.

