Saltar al contenido principal

Murió Chiche Gelblung, un periodista que siempre caminó por la cornisa

Llevó a la TV y la radio la impronta que lo había catapultado a la fama en gráfica, en títulos como Gente y La Semana, donde fue cronista, corresponsal de guerra y luego director; no había tema, por pueril o insólito que fuera, que no pudiera ser objeto de su análisis

Chiche Gelblung

Llevó a la TV y la radio la impronta que lo había catapultado a la fama en gráfica, en títulos como Gente y La Semana, donde fue cronista, corresponsal de guerra y luego director; no había tema, por pueril o insólito que fuera, que no pudiera ser objeto de su análisis

15'
Compartir

“Yo siempre caminé en la cornisa”. Esta es una de las muchas frases que Samuel “Chiche” Gelblung usó para armar su autorretrato y quizá la que mejor lo define. Acaba de morir un periodista que nunca tuvo problemas en resignar buena parte de las exigencias que impone este oficio para abrazar a tiempo completo el papel de showman televisivo. Tenía 82 años y un organismo castigado por su resistencia a calmar un frenético ritmo de trabajo y a delegar decisiones.

Gelblung tuvo también una prolífica carrera en la radio
Gelblung tuvo también una prolífica carrera en la radioALFIERI MAURO
publicidad

Cuando dejó en la década de 1990 su carrera en el periodismo gráfico para convertirse de allí y para siempre en una figura clave de la televisión y de la radio, Gelblung renunció para siempre a su nombre de pila y lo reemplazó por el apodo con el que todo el mundo lo identificó: “Chiche”. Va a ser difícil disociar su larga y destacada carrera en los medios escritos, donde empezó desde muy joven a tomar decisiones arriesgadas, de su obsesión televisiva por convertir el tema más pueril e insólito en cuestión de debate nacional.

En verdad, se trató en su caso de dos momentos sucesivos de una trayectoria encarada siempre con el mismo objetivo. Se empeñó en convencernos de que ningún asunto podía ser menor o merecer un tratamiento liviano si podía impactar de inmediato en la sensibilidad de quien lo leía, lo veía o lo escuchaba. Y no importaba si la propia realidad condicionaba ese diagnóstico: se sentía lo suficientemente poderoso para adaptarla a la necesidad de un título o de una investigación que captaba de inmediato el interés del público y al mismo tiempo nunca parecía ser del todo rigurosa.

Chiche Gelblung en 2009. "Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota" es la frase que siempre se le atribuyó y el desmintió haber pronunciado
Chiche Gelblung en 2009. "Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota" es la frase que siempre se le atribuyó y el desmintió haber pronunciadoFuente: Archivo - Crédito: Mariana Araujo

Toda esta mirada puede resumirse en una célebre frase que la memoria colectiva siempre le atribuyó: “Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota”. Gelblung desmintió una y otra vez haber sido su autor, pero jamás dejó de reconocer su utilidad. Era una guía hecha mandato para el equipo periodístico que trabajó a sus órdenes en el primer gran momento de su trayectoria profesional, la dirección del semanario Gente y la actualidad en los años 70.

Allí había llegado “después de estar seis meses buscando laburo” cuando se produjo el derrocamiento del presidente Arturo Illia, en 1966. A los 19 años, con una audacia infinita, logró camuflarse entre un grupo de dirigentes radicales y pasó dos horas sin que nadie se diera cuenta junto a Illia, en la casa de su hermano. Volvió con un material que nadie tenía y que todos comentaron. “Al poco tiempo me hicieron redactor. Fui creciendo profesionalmente, cubrí Vietnam y la guerra en Biafra. Al cuarto año de estar en Gente me ascendieron. Y terminé como director de la revista”, le contó a LA NACION en 1998.

publicidad

Empeñado en llevar hasta las últimas instancia aquella máxima sobre la supuesta verdad periodística que hizo suya, siempre predicó con el ejemplo. Cualquier antología de la vida profesional de Gelblung empieza con el recuerdo de una cobertura que hizo en el Pacífico después de una prueba nuclear francesa en el famoso atolón de Mururoa. Para dar cuenta del episodio se le ocurrió comprar pescados a granel en un mercado y fotografiarlos luego de ser esparcidos sobre una playa para mostrar los supuestos efectos devastadores de la explosión en la fauna del lugar. No es el único ejemplo: cuando era corresponsal de guerra en Vietnam envió una crónica acompañada con la imagen de la huida desesperada de un grupo de civiles en pleno combate. Esa fotografía había sido montada en París.

Chiche Gelblung en 2006, en La vida es bella
Chiche Gelblung en 2006, en La vida es bellaCrédito: Alfredo Sanchez

De esa etapa de Gente también muchos recuerdan la mano de hierro y la arbitrariedad (muchas veces al borde del maltrato) con las que Gelblung manejaba esa redacción. Se enorgullecía de una decisión tan audaz para una publicación de características tan mundanas como la de llevar a su portada la muerte de Picasso (esa semana vendió 430.000 ejemplares, contra todos los pronósticos). Y siempre dijo que se hacía cargo “de los errores y los aciertos” de la revista durante su cuestionada gestión en tiempos de la última dictadura militar, sobre todo cuando titulaba con las “campañas antiargentinas” de los exiliados políticos. Siempre reconoció que fue de él la idea de publicar en una tapa la frase “Gente se equivocó”.

Podría decir, como el personaje de la célebre fábula, que comportarse así estaba en su naturaleza. Por encima de todo ponía su propia intuición para escuchar los estímulos, las necesidades y la curiosidad del público. Y no se molestaba en quedar expuesto a escándalos mayúsculos por elegir ese camino. Como cuando envió a Mario Sapag, en la cumbre de su popularidad como imitador, a un encuentro oficial en Chapadmalal disfrazado como el entonces canciller Dante Caputo. En esa ocasión, el vehículo logró superar más de un control de seguridad. “Lo de Sofovich, cuando le pusimos una gorra militar en la cabeza, lo hicimos como un chiste y terminamos en cana”, recordó sobre otro episodio de esa misma época, cuando era director de la revista La Semana.

En la disco Mau Mau, con Tete Coustarot
En la disco Mau Mau, con Tete CoustarotFuente: Archivo - Crédito: Hola
publicidad

Memoria, su gran hito televisivo

Samuel Gelblung había nacido en el barrio porteño de Villa Devoto el 7 de febrero de 1944. Autodidacta, creció en un hogar que tuvo antepasados militantes del Partido Comunista Argentino. Siempre contaba que su abuelo había recibido como regalo por los servicios prestados a esa causa el boceto del famoso mural pintado en la Argentina por el mexicano David Alfaro Siqueiros. Llegó a ser dueño de ese valioso testimonio.

El pasado siempre fue una de sus obsesiones, al menos de palabra. “Nosotros somos hijos de la Guerra Civil, hijos del terrorismo, del terrorismo de Estado, de los secuestros y la Guerra de Malvinas, y todo eso sigue vigente. Acá el drama es que todo eso se sigue discutiendo”, contó en 2009 cuando estaba por presentar uno de sus programas televisivos, 70.20.10.

Con todo, esa búsqueda siempre resultaba un maquillaje perfecto para que Gelblung hiciera lo que más le gustaba: ocuparse de la actualidad mezclándolo todo, como si su carrera en los medios fuese un constante homenaje a la memoria de Discépolo. Seguramente por esa razón se le ocurrió bautizar Memoria al programa con el que desembarcó en la pantalla chica en 1994, para no irse nunca más del medio.

Chiche Gelblung con Mirtha Legrand. "Nunca un éxito o un fracaso te definen. Si te guiás por alguno, caés en el error. Pero si fracasás hay que darle siempre para adelante. Es parte del juego", señaló el periodista y conductor en una oportunidad
Chiche Gelblung con Mirtha Legrand. "Nunca un éxito o un fracaso te definen. Si te guiás por alguno, caés en el error. Pero si fracasás hay que darle siempre para adelante. Es parte del juego", señaló el periodista y conductor en una oportunidadFuente: Archivo

Andando el tiempo, Gelblung confesó que mantuvo ese título para convencer a Alejandro Romay, dueño y señor de Canal 9, entusiasmado con la creencia de que iba a sumar a la programación una idea en la línea del exitoso Siglo XX Cambalache. Pero de ese título quedó solamente la alusión al famoso tango. El cambalache resultó la característica habitual (por no decir única) del “estilo Gelblung”. Una fórmula televisiva abierta a cualquier tema, siempre y cuando provocara impacto inmediato en el público.

publicidad

Con su batuta, en un living atestado de opinadores de toda laya, cada emisión de Memoria era el escenario para que se discutiera sobre cualquier cosa. Una crónica de LA NACION sobre el programa en 1997 empezaba registrando el mérito periodístico de haber logrado una entrevista con Mia Farrow, ya divorciada de Woody Allen y dispuesta a hablar pestes de su exmarido. Las derivaciones posteriores del programa resultaban de una amplitud casi inverosímil: “En el pretendido debate que acompañó a las declaraciones de Mia se pasaba del abuso de menores a la adopción, de la castración química a la lobotomía, de la decadencia del matrimonio al estado de salud mental de la señora Farrow, todo al unísono y antes de ir al corte”.

Con todo, jamás se le reconoció a Gelblung el haber sido en ese programa el inventor sin patente de una fórmula que a partir de ese momento toda la televisión dedicada a la actualidad repetiría hasta el cansancio. Fue el primero en presentar y exponer cada tema a través de “informes” de marcado tono efectista en las imágenes, una voz en off llena de palabras sensacionalistas y preguntas inquietantes, más una abundancia de graphs y textos en la base de la pantalla reforzando la idea.

En 2011, tras obtener el premio Martin Fierro
En 2011, tras obtener el premio Martin FierroCrédito: El trece

Sí, en cambio, todos reconocieron en el conductor de Memoria a un hombre capaz de hacer todo lo necesario para lograr la captura del rating en un momento televisivo especialmente abierto y predispuesto a ese tipo de propuestas. Gelblung dedicó mucho tiempo, por ejemplo, a eludir las comparaciones directas entre su programa y el de Mauro Viale, que se alimentaban diariamente de escándalos que más de una vez terminaron en sanciones de organismos reguladores. Una de las más resonantes se produjo luego de que Gelblung hiciera hablar en cámara a un skinhead.

Memoria llegó a superar las 1000 emisiones, con salidas diarias o semanales. Esa suerte de buque insignia del estilo televisivo de Gelblung luego tuvo con otros títulos leves o profundas variaciones que oscilaron entre el interés del público y un par de fracasos bastante ruidosos. Entre estos últimos aparecen Las 12 y Chiche, fallido intento de recrear en la TV el clima de una redacción ocupada únicamente por mujeres. Y Titanic, con la escenografía de la cubierta inclinada de un barco que para el conductor simbolizaba el estado de la Argentina en ese momento (2002).

publicidad

Con un breve resumen del desfile de vanidades y miserias exhibidas por Gelblung en sus programas podrían escribirse varios tomos de historia televisiva. En ellos quedarán las recurrentes apariciones del detector de mentiras (un polígrafo presentado como la “máquina de la verdad”) que le permitía al conductor hacer interrogatorios a figuras expuestas a situaciones controvertidas. Y también los diálogos telefónicos que mantuvo al aire con marginales y confesos delincuentes, algunos de ellos registrados en resonantes casos policiales con tomas de rehenes. Uno de ellos terminó de la peor manera (el episodio conocido como la masacre de Ramallo, en septiembre de 1999, con un saldo de tres muertos) y a Gelblung se le reprochó durante mucho tiempo el abordaje imprudente y temerario de un hecho tan grave frente a las cámaras.

Hubo muchísimo más en ese alarde casi infinito de contar la realidad desde los márgenes o estimular desde el morbo, la provocación o los detalles más extravagantes algunos de los temas más sensibles para la opinión pública. Una vez mostró casi con ánimo promocional un auto lanzallamas fabricado en Sudáfrica que lograba en cuestión de segundos prender fuego a un eventual asaltante “sin dañar la pintura del coche”. En otra ocasión se animó a hacer la “autopsia del chorizo” con el propósito de demostrar cómo estaba hecho. Y para seguir con el tema de las dietas y la comida, una de sus obsesiones, llegó a mostrar un informe en el que el músico Pity Alvarez se alimentaba solo presuntamente de alimentos vencidos.

Esa manía por descubrir indiscreciones se extendía a los “ricos y famosos”, con los que tuvo más de un problema. Debió enfrentar más de una vez la ira de Mirtha Legrand, que lo acusó de presentarla de manera despectiva y hasta de publicar en alguno de sus medios digitales información falsa sobre su salud. Gelblung también se regodeó con algunos videos que registraron insultos de la diva pronunciados entre bambalinas. Hubo reconciliaciones, pero los reproches de Legrand nunca se agotaron.

publicidad

Con la familia Ortega le fue peor. Después de un largo pleito que llegó hasta la Corte Suprema, Gelblung debió afrontar en 2014 un fallo en su contra que lo condenó a pagar una suma millonaria por la emisión de un informe que representaba a Evangelina Salazar, esposa de Palito Ortega, como alcohólica y depresiva.

A Gelblung esos embates parecían no hacerle mella. Prefería ir siempre para adelante, convencido de que para ganar no queda otra que arriesgar. “Nunca un éxito o un fracaso te definen. Si te guiás por alguno, caés en el error. Pero si fracasás hay que darle siempre para adelante. Es parte del juego. Y si en algún momento algo de lo que hice me pareció ridículo ya fue superado. Sigo creyendo que todos esos son elementos cercanos a la realidad que algunos rechazan por prejuicios a los que no le doy bola”, reconoció a LA NACION hace algunos años.

Chiche Gelblung en Memoria, en 2000, con Graciela Alfano y Matias Alé
Chiche Gelblung en Memoria, en 2000, con Graciela Alfano y Matias AléFuente: Archivo

De su ocurrente cabeza salían todo el tiempo frases que cómodamente podían convertirse en títulos de sus clásicos informes periodísticos: “Se conoce más a la gente por la basura que tira que por lo que dice”. “En esta época en que está de moda usar ropa usada, yo confieso que hace algunos años usé camisas de varios muertos”. “La gente tiene cero posibilidades de mostrar cómo es. Pero en el baño sos vos mismo. Apenas salís del baño rendís examen ante tu mujer, tus amigos, todos.”.

Desde su llegada a la tele, Gelblung pasó por varios canales y por unos cuantos horarios. Hasta llegó a conducir fugazmente un informativo al mediodía, tarea que más tarde, en la etapa final de su vida periodística, encaró en más de una señal de cable. Como varios de sus colegas, encontró allí un espacio que la TV abierta ya no podía darle porque había dejado de tenerlo en cuenta. En un momento solo llegó a ocupar un espacio en la mesa de Polémica en el bar, ciclo que lo tuvo como integrante en varias temporadas.

publicidad

Allí protagonizó su última gran pelea mediática en tiempos de pandemia, defendiendo el derecho a una cuarentena menos rigurosa. Ese enfoque lo llevó, para marcar todavía más los matices de su vida periodística, a conducir dos de sus producciones más logradas: un sensible y cálido programa de historias de vida (De dónde vengo) y un magazine de salud muy atractivo y hecho con bastante rigor periodístico, que en su momento también llegó a la TV abierta (La vida es bella). Tuvo una etapa en Canal 26 y otra en Crónica TV, señal en la que conducía un segmento vespertino diario de información y debates, pálido reflejo de sus mejores momentos. Allí, hace unos años, llegó a entrevistar a Cristina Kirchner y preguntarle sin vueltas sobre sus amores, algo que casi nadie se había animado a hacer.

En la radio, junto a Rolando Hanglin
En la radio, junto a Rolando HanglinFuente: Archivo - Crédito: Hernan Zenteno

Días de radio

También encontró, sobre todo entre 2004 y 2010, un lugar de alta exposición en la radio, medio en el que trabajó hasta el final de sus días. Su voz aparecía todos los días en los horarios de mayor audiencia y en las emisoras más escuchadas, como Mitre y Radio 10. Y en un momento quedó expuesto a la guerra mediática planteada por el kirchnerismo, cuando fue convocado mientras trabajaba en Mitre para ocupar el lugar en Radio 10 que había quedado vacante por el despido de Marcelo Longobardi. El anecdotario de su paso por la radio es infinito. También su severidad en el trato con productores y columnistas, que varias veces se tradujo frente al micrófono en episodios de verdadero maltrato verbal.

La historia de Gelblung en los medios es enorme. Además de Gente y La Semana escribió en Ámbito Financiero y fue director de un diario en Córdoba. Estuvo unos años radicado en España durante la década del 80 y cuando regresó armó una editorial para la distribución y venta de libros en fascículos destinados a diarios del interior. Fue pionero en el armado de medios digitales. Y nunca se resignó a bajar su ritmo de trabajo pese al infarto que sufrió en 2014 y los contratiempos que enfrentaba en los últimos tiempos por las dificultades económicas de su compañía productora y el pago de sueldos adeudados.

Nunca cumplió el sueño de poder dirigir un diario propio. También se quedó con las ganas de hacer un programa de entrevistas que pudiese resistir las contingencias del rating. “Si algún mérito tengo es que puedo conversar por igual con Roberto Lavagna y Luciana Salazar”, dijo una vez. Llevaba más de cuatro décadas casado con la exmodelo Cristina Seoane, con quien tuvo tres hijos.

publicidad
Chiche Gelblung, en 2010: "Si algún mérito tengo es que puedo conversar por igual con Roberto Lavagna y Luciana Salazar", supo decir
Chiche Gelblung, en 2010: "Si algún mérito tengo es que puedo conversar por igual con Roberto Lavagna y Luciana Salazar", supo decirFuente: Archivo - Crédito: Mauro Alfieri

Con razón o sin ella enfrentó las críticas expuestas desde el interior de su propio mundo y las respondió una por una con el entusiasmo de quien disfruta dando pelea todo el tiempo. En algunas de sus réplicas podía vislumbrarse el gesto satisfecho de quien sentía que, en el fondo, varias de las críticas resultaban veladas formas de reconocimiento. Muchas ocurrencias televisivas de Gelblung, algunas de ellas ingeniosas y otras (la mayoría) cargadas de extravagancia, morbo y frivolidad, se convirtieron con el tiempo en hábitos adaptados por todo el medio. Hasta el final, en medio de sucesivos y cada vez más frecuentes problemas de salud, mantuvo vigente su mensaje televisivo desde las señales informativas del cable. Su último trabajo fue en Crónica TV.

“Cuando nosotros mostrábamos cirugías plásticas en vivo éramos sensacionalistas y amarillos. Ahora otra pantalla muestra lo mismo y está todo bien y los periodistas lo elogian”, confesó en una ocasión. Chiche Gelblung se anticipó muchas veces a su tiempo y la TV tendrá alguna vez que aceptar esa realidad indiscutible. Hay más seguidores, continuadores e imitadores de su estilo de lo que el propio medio está dispuesto a admitir.

Tal vez todavía sin tomar conciencia del todo de la influencia que supo ejercer en ese ámbito a lo largo de las últimas tres décadas, le toca hoy a la televisión despedir a Chiche Gelblung. Nadie podrá negarle una extraordinaria (e innata) intuición periodística que en sus mejores momentos siempre quedó a la vista. En muchos otros, por propia voluntad, eligió aplicarla para hablar de la actualidad como si no fuera otra cosa que un show lleno de palabras ruidosas e imágenes impactantes.