
Se cumplen treinta años de la muerte del actor, dramaturgo y guionista, creador de clásicos de nuestro teatro como El grito pelado y Camino negro y de ciclos televisivos de tono popular como Los Campanelli y Mi cuñado
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Tuvo la sabiduría de profundizar en lo cotidiano y extraer de ese néctar la sustancia simbólica y metafórica para desnudar realidades adversas, denunciar y fotografiar algunas anomalías de lo vincular. Jugó con la palabra aún cuando muchos de sus personajes se sumergían en diálogos de sordos. Engrandeció las temáticas populares sin restarles hondura. Problematizó lo evidente.
Por Pablo Mascareño

