A los 40, dejó Nueva York y volvió a sus raíces; a corazón abierto, repasa su vida de étoile y sueña con el futuro
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Dijo adiós al ballet sin culpa. La noche antes de hacer pública la decisión, escribió un extenso mail a su círculo más cercano: amigos artistas, profesores de danza, padres, parientes. Después de brillar durante más de 25 años en la elite del ballet, Paloma Herrera (40) anunciaba su retiro. "Fue un proceso interno que fui trabajando durante todo un año, así que ya estaba totalmente segura de la decisión. Cuando puse send fue muy liberador. Ya no había nadie ni nada que me hiciera torcer el rumbo", dice la bailarina que a los 15 ingresó en el prestigioso American Ballet Theatre de Nueva York y en tres años fue promovida a Primera Bailarina. La étoile que deslumbró en el Metropolitan Opera House y en el Teatro Colón confiesa que no extraña ese universo. "Fui feliz bailando, es lo que más amé hacer en la vida; pero ya pasó. Nunca fui de esas personas que se quedan enganchadas en el pasado, me gusta vivir el día a día. El presente es lo único que tengo y pienso vivirlo a full, como siempre hice", reflexiona, mientras termina de desembalar las cajas cuidadosamente ubicadas en su living de estreno. "Dejé todos mis muebles en mi piso de Nueva York y no me importó nada… Creo que me atrae más la idea de empezar de cero, en un nuevo departamento, en otra etapa de mi vida", cuenta entusiasmada.
Si bien no planea volver a subirse a un escenario tras su última despedida en Mendoza en noviembre pasado, Paloma tiene una agenda cargada de compromisos. Además de dar master classes en San Diego, Nueva York, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, también tiene en su cabeza el lanzamiento de un perfume que lleva su nombre y, por supuesto, su autobiografía. Separada de su novio, Matías Elicagaray, después de un año de relación, se prepara para un disfrutar de un nuevo capítulo.

–¿Te intimida esta nueva vida?
–No, no me gusta achicarme ante nada, soy muy mandada. En los momentos más decisivos de mi vida, jamás di un paso al costado por miedo. Tenía 15 años cuando llegué a Estados Unidos sin conocer el idioma y de una me mandé a tomar una clase en la School of American Ballet. Y por suerte salió bien porque no sólo ingresé, sino que al poco tiempo me contrataron para seguir mi carrera en el American Ballet Theatre. Tiempo después una chica quedó embarazada y me dieron el rol principal en una obra con 17 años, sin siquiera haber ensayado. Otra persona no lo habría podido hacer, pero yo confiaba en mí.
–¿Qué te dio el ballet?
–Mucha felicidad. Y mucha disciplina: no hay otra forma de entender la danza. En mi caso, además, creo que entró en juego esa seguridad en mí misma que siempre me transmitió el entorno familiar. Yo sabía que era libre de hacer lo que quisiera. No por nada me siento súper identificada con el nombre de Paloma. Mis viejos siempre me apoyaron; sabían que si yo era feliz, ellos también lo iban a ser. Por eso nunca me dejé llevar por lo que pensaran los demás ni por lo que podrían llegar a decir. Yo hice la vida como me pareció a mí y nunca me importó absolutamente nada.
–¿Quemaste etapas por apostar todo a tu carrera?
–Para nada, porque amo y amaba lo que hacía, no tenía ni una duda. De chica nunca fui a fiestas de 15 y tampoco tuve viaje de egresados. Y así y todo, nunca viví la danza como un sacrificio sino con un profundo placer. Ni por todo el oro del mundo hubiera renunciado al sueño de bailar.
–¿Por qué decidiste retirarte?
–Siempre quise retirarme joven, con una carrera bien construida, sin manchas. En parte también se debió a lo duro que me resultó convivir en el último tiempo con las nuevas generaciones. No me gusta ir a los ensayos y que estén todos con el teléfono; pareciera ser que da lo mismo si llegás tarde o no. Cada día me sentía más afuera de ese mundo, pero también sé que es porque yo no lo aceptaba así como es hoy. Para mí, la sala de ensayo siempre fue un templo, un lugar donde compartir con otro la misma pasión. Ahora me parece que se viven las cosas de manera muy liviana. El escenario es un momento mágico, único, por eso no puedo entender que uno esté ahí arriba y dele que dele con el celular chateando. No quería irme mal, al contrario, quería retirarme llevándome lo mejor de ese mundo, con los recuerdos intactos.
–¿Qué cosas te permitís hacer ahora que antes no podías?
–[Piensa un rato]. Ahora camino sin miedo cuando voy por la calle. Durante años tuve que aprender a cuidarme de no lastimarme los pies, de no arriesgarme a una lesión. Nunca fui a bailar a un boliche y olvidate de sumarme a un pogo. Y no te puedo explicar la sensación de libertad que siento cuando camino por la calle mirando el cielo, sin preocuparme si me caigo y me rompo un dedo del pie. Soy yo, pero con una vida más relajada.
–Casa nueva, vida nueva. ¿Y el amor?
–Me separé el primero de enero y a los tres días encontré el departamento de mis sueños. Todas mis relaciones siempre fueron a distancia: terminaba el ensayo un viernes y viajaba por el fin de semana y el lunes ya estaba de vuelta. Y a mí me encantaba esa vida. Nos encontrábamos en Japón, París, Nueva York y después me acompañaba a la Casablanca o de repente estábamos haciendo nada en Buenos Aires. Nunca me aburrí. Pero también pienso que por esa misma razón también me fue difícil mantener una relación. Tal vez ahora, con una vida más normal y estable, las cosas sean diferentes.
–¿Sentís que por tu trabajo resignaste el amor?
–Es que nunca lo vi así. Para mí era maravilloso tener una relación a distancia y saber que más adelante podíamos estar juntos. Pero la verdad es que no muchos pudieron entender mi punto de vista. Igual, hoy estoy feliz sola.
–¿Fantaseás con casarte algún día?
–Yo hice todo al revés, me fui a vivir sola a los 15 años y me compré el primer departamento a los 18. Mucha gente no puede entender mi manera de ver las cosas, pero jamás soñé con vestirme de novia. Nunca en la vida se me pasó por la cabeza casarme, pero porque en realidad tenía otro sueño. Nunca fui una Susanita. Hice la vida como me pareció. El deseo de casarme tal vez surja más adelante…Quién sabe cómo me vas a encontrar el año que viene. [Risas].
–¿Pensás en ser madre?
–Las cosas son como son. Cuando estuve en pareja fui feliz. Pero hoy, por ejemplo, no planeo en congelar óvulos ni nada de eso. No es así como quiero ser madre ni tampoco es mi objetivo. Es difícil para la gente que sigue el manual ver otro punto de vista. No todo el mundo tiene las mismas prioridades… Para mí ser madre es una gran responsabilidad porque tengo el modelo de mis padres, que han sido maravillosos conmigo. El día en que sea madre me gustaría ser como ellos. Jamás en la vida tendría un hijo sólo para hacer el checklist de las cosas que una tiene que cumplir en esta vida. Me gusta mi libertad. Sé que tuve oportunidades para ser madre, viví relaciones sólidas y muy lindas, pero simplemente no era el momento. Tal vez suene egoísta, pero me gustaba mi carrera, mis viajes, mi vida. No me casé, no tuve hijos, pero igual soy feliz. Una puede no seguir los cánones tradicionales y tener una vida maravillosa.
- Texto: Jaqueline Isola
- Fotos: Matías Salgado
- Producción: Anita Korman
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