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Peggy Sol, la actriz que vivió 16 años en Canadá, resistió a las crisis y vuelve a los escenarios a los 81

La actriz integra el elenco de la verbena de la Paloma, con funciones en el Teatro Avenida

Peggy Sol disfrutó de la “época de oro” de la TV, atravesó los vaivenes del país, se fue a vivir a Canadá y hace unos años regresó y vive en la Casa del Teatro: "Hice una linda carrera, quizá no estridente, pero trabajé bien y en lo que me gusta; entonces, el saldo es positivo"
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Peggy Sol, tal vez, siguió los pasos que su mamá había soñado como propios y no pudo concretar. Debutó a los 4 años y usó su verdadero nombre, Élida Lapadú, hasta que ganó un concurso en el que buscaban a la Rita Pavone argentina y Pinky le sugirió que lo cambiara por uno más “punch”. Pronto se le abrieron las puertas de la televisión, el teatro y el cine. En los 90, cuando mermó el trabajo y perdió su casa porque no podía pagar el crédito, se mudó a Toronto, Canadá, donde vivió durante 16 años. Volvió porque su hijo se casaba y también porque su mamá y su hermano se enfermaron. Y se quedó, aunque no era su plan. Hace doce años que vive en la Casa del Teatro y está contenta con su presente porque el 12 de septiembre vuelve a trabajar después de muchos años. Peggy es una de las actrices de La verbena de la Paloma, una zarzuela con más de treinta actores y cantantes en escena, con dirección de Jorge Mazzini, que se presentará en el Teatro Avenida. Se la ve radiante con esta oportunidad de subirse otra vez a un escenario y mostrar lo que sabe. Durante uno de los ensayos conversó con LA NACION sobre su vida en Canadá y lo complicado que fue insertarse en una sociedad tan distinta a la nuestra. Habló de los motivos de su vuelta al país, de la decisión de vivir en la Casa del Teatro y recordó sus inicios.

Peggy Sol: "Tengo la suerte de haber vivido la época de oro de la televisión"
Peggy Sol: "Tengo la suerte de haber vivido la época de oro de la televisión"Santiago Oroz
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“Estoy muy contenta con este presente y ojalá sea la apertura para más trabajo. Hace poco me llamó una productora para darme un libro. Siento que tengo ganas de trabajar y mucha energía todavía. Cumplí 81 años y no me siento de esa edad. Creo que es genética; mi madre murió a los 100 años y mi abuela vivió hasta los 112. No sé si quiero tanto porque son muchos [risas]”, cuenta la actriz mientras se despoja de su personaje de la zarzuela, en donde interpreta a Severina, una de las vecinas del barrio de la verbena.

—Es tu vuelta al trabajo después de muchos años…

—Sí. Volví de Canadá en 2014 y desde entonces hice muy poquitas cosas. Hice un unipersonal sobre la vida de Sara Bernal, que había hecho también en Toronto y en Ontario. Y con Nora Carpena hicimos radioteatro con público, con un libro de Alberto Migré, y fue una muy linda experiencia porque se recreaba toda la radio de aquella época. Hice además la obra Viento, con Déborah Fideleff y dirección de Gabriel Rovito. Y después ahí paré.

—¿Fue un impasse involuntario?

—Sí, porque hay poca ficción. Tengo la suerte de haber vivido la época de oro de la televisión. Y quizá también tuvo que ver con que estuve muchos años fuera del país. Sin embargo, la gente no me olvidó y me doy cuenta porque me meto mucho en las redes y me recuerdan con cariño. Tengo la suerte de no haber sido olvidada, a pesar del tiempo que pasó. Y ahora La verbena de la Paloma me trae de vuelta.

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Peggy Sol frente al Teatro Avenida, donde se presentará con la zarzuela La verbena de la Paloma mañana, sábado 12 de septiembre, el 2 de octubre y el 26 y 27 de noviembre, a las 20.30
Peggy Sol frente al Teatro Avenida, donde se presentará con la zarzuela La verbena de la Paloma mañana, sábado 12 de septiembre, el 2 de octubre y el 26 y 27 de noviembre, a las 20.30Santiago Oroz

—¿Ya habías trabajado con Mazzini?

—Ya había trabajado con Jorge Mazzini en una obra muy graciosa que hacíamos con Diana Maggi. Hace un tiempo nos vimos en una reunión de Argentores, pero no se habló de trabajo. Y ahora me dio la sorpresa de llamarme para uno de los personajes. Aparte, la zarzuela es un género que adoro porque me subí por primera vez a un escenario cuando tenía 4 años, bailando español. Me formé cuando las escuelas integrales no existían, en la Escuela Nacional de Danzas, estudié dibujo, pintura y arte escénico. Mi mamá un día me confesó que ella se proyectaba mucho en mí porque le hubiera gustado ser artista y cantante, así que me acompañaba a todas partes y fomentaba mucho esa parte artística que tuve desde que nací.

Sus inicios

—¿Y cómo llegaste a la televisión?

—Le había hecho una coreografía a la señora Sara Benítez, que era una cantante paraguaya radicada en Buenos Aires y casada con Roberto Rosales, un productor de Canal 7. Yo era bailarina, pero a veces se me ocurría cantar y este señor me escuchó y me dijo que tenía que hacer los cuadros musicales cantados y bailados. Me conectó con un programa de Radio Splendid que buscaba a la Rita Pavone argentina. Pensé que no tenía nada que ver con ella, pero me presenté igual y gané el segundo puesto; primera salió Elisa Salvador, que era una chica que se parecía muchísimo físicamente a Rita. De ese concurso también participaron Cristina Alberó y Claudia Mores, la mujer de Nito Mores. Yo tenía 16 años. El premio era estar en Sábados circulares y el madrinazgo de Pinky y Fito Salinas, y un contrato para RCA para grabar un disco doble. Y ahí empecé. Después me encontré un representante, el señor Raúl Villarino, que me acercó a Canal 13, donde trabajé muchísimo. Hasta que cambió la cosa políticamente y se analizó mucho la televisión.

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—¿Fue Pinky la que te cambió el nombre?

—Sí, me dijo que Élida Lapadú no tenía “punch” [risas]. Me sugirió Peggy que me sonó medio foráneo, pero ella me dijo que los cantantes se llamaban así. Me gustó y lo adopté y le agregué Sol. Fue curioso cuando llegué a Canadá porque me contrataron para un show musical y me presenté con mi nombre verdadero, pero había mucha comunidad argentina y me decían “¡pero usted es Peggy Sol!”.

—¿Esos cambios te llevaron por otros rumbos?

—Sí. En los 90, la televisión ya no era la misma. Coincidió con que tenía un crédito que no pude pagar; tuve que vender y me quedé sin departamento. Me decidí a ir a Toronto porque allí estaba Lidia Calb, la exmujer de Oscar Rovito, y nos habíamos hecho muy amigas cuando yo hice El violinista sobre el tejado. Ella estaba en Canadá y yo no lo pensé dos veces. Ya mi hijo tenía 27 años, ya estaba grande y se desenvolvía solo. Todavía no me explico cómo decidí irme a un país con otra idiosincrasia, otro idioma.

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Rumbo a Canadá

—¿Cómo fueron tus años en Toronto?

—Tuve que aprender inglés, tomé cursos intensivos y cuando llegué tuve que hacer voluntariado. Entonces, como tengo conocimiento de realización de máscaras, hice eso. Me formé con mi papá también en pintura porque era dibujante y después seguí estudiando en el Prilidiano Pueyrredón y en Fernando Fader. Empecé a hacer ese tipo de cursos con la gente que asistía al Centro Paraguayo Hispano y después hacía mis máscaras y las iba a vender a Montreal. Además, cantaba tangos para la colonia italiana y la hispana. Y después me conecté con Daniel Irrazabal, quien organizaba el Festival de Cine Hispano en Toronto y me contrataban para esos días y para el de la tradición. Hice teatro también: me eligieron para ser una de las esposas de Neruda en una obra hermosa que se llamaba Un hombre llamado Pablo.

—Digamos, que te armaste una vida nueva...

—Sí. Me fui en 1998 y recién empecé a viajar a Buenos Aires en el año 2002. No fue fácil porque los sajones son muy fríos... Nosotros tenemos otro feeling, otro sentimiento. Somos latinos y eso se nota.

—¿Por qué volviste?

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—Porque mi hijo me dijo que se casaba; ya se había recibido de ingeniero en sistemas. Tenía la idea de volver a Canadá, pero se complicó la cosa porque se enfermó mi hermano [que luego falleció] y mi mamá estaba con Alzheimer y tuve que quedarme. Nunca más volví.

“Armé de nuevo mi vida”

Peggy Sol, sobre los problemas económicos que atravesó: "Tengo un carácter emprendedor y me lo tomo como un desafío porque sé que voy a poder vencer todas las dificultades"
Peggy Sol, sobre los problemas económicos que atravesó: "Tengo un carácter emprendedor y me lo tomo como un desafío porque sé que voy a poder vencer todas las dificultades" Santiago Oroz

—¿Desde ese momento vivís en la Casa del Teatro?

—No. Primero alquilé un PH en Boedo, pero no pude seguir pagando porque perdí mi pensión en Canadá. Hay un convenio con ese país que dice que tenés que vivir seis meses allá y como no volví, perdí ese derecho. El aumento del alquiler fue tan drástico que no tenía adonde ir y el director Hugo Gregorini me sugirió que hablara con Linda Peretz para ir a la Casa del Teatro.

—¿Cómo te sentís en la Casa del Teatro?

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—Muy bien. Linda está en todos los detalles. Tenemos un profesor de teatro con el que hacemos improvisaciones y hay talleres cognitivos. Mi hijo vive en Rosario con su mujer y mi nieto, que se llama Lorenzo Giovanni. Así que acá armé de nuevo mi vida, de alguna manera. Tengo un carácter emprendedor y me lo tomo como un desafío porque sé que voy a poder vencer todas las dificultades.

—¿Qué recuerdos tenés de esos años de oro de la televisión y el teatro?

-Hice muchas comedias musicales, que es lo que más me gusta. Y revistas hice solamente dos porque me costaba mostrar mi cuerpo. El que me convenció de hacer revista fue una pareja mía, Acho Manzi, el hijo de Homero Manzi. Lo conocí haciendo un espectáculo en Michelangelo con Pedro Sombra, un coreógrafo de aquella época de Ramona Galarza, y Acho era representante de Los de Salta. Entonces Acho me convenció de hacer revista y como yo estaba enamorada, le hice caso. Hice Los verdes están en el Maipo, con Mimi y Norma Pons y otra que producía Ricardo García, que me llamó porque su mujer, Ethel Rojo, estaba operada y no se recuperaba todavía., “Me tenés que salvar porque no consigo vedette”, me pidió.

—Ancho fue tu segunda pareja, ¿no? ¿Y tu primer matrimonio con quién fue?

—Mi primer matrimonio fue con un comerciante, que además fue el padre de mi hijo. Mis parejas siempre fueron de cuatro años [risas]. Ya en Canadá no me enamoré y, desde entonces, estoy sola y me siento muy bien...

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—¿Cómo era trabajar con Darío Vittori?

—Hice muchos ciclos de comedias con Darío Vittori, con Nino Fortuna Olazábal, los Bredeston y con Juan Carlos Dual. Darío era todo un personaje. Hacíamos giras por el interior y él tenía su escenografía que trasladaba en un micro... Viajábamos de noche y con María Fiorentino bromeabamos. Él manejaba siempre con su señora al lado. Y cuando íbamos a comer, después de la función, quería elegir el plato por nosotras porque ya lo había probado y le parecía que estaba riquísimo. Un tipo muy amoroso. También trabajé con José Marrone apenas empecé; me había hecho muy amiga de Juanita Martínez, su mujer, e hicimos giras juntos. Hice películas con el Pato Carret... Fueron épocas maravillosas. Hice una linda carrera, quizá no estridente, pero trabajé bien y en lo que me gusta; entonces, el saldo es positivo.