
El galés Ray Milland fue uno de los intérpretes más taquilleros del Hollywood de los años cuarenta y cincuenta
Alguna vez, consultada por su relación con la fama y el estrellato conseguidos al comienzo de su carrera, Julia Roberts aseguró que las luces y el glamour asociados con la celebridad no tenían nada que ver con ella. “Soy una persona ordinaria que tiene un trabajo extraordinario”, afirmó durante años la ganadora del Oscar que incluso en más de una ocasión agregó que su vida es aburrida, común, como la de cualquiera. Una forma de desmitificar a las luminarias de Hollywood de las últimas décadas, que habría escandalizado a sus pares de la era dorada del cine norteamericano. Y no solo porque los estudios hacían enormes esfuerzos por cultivar y expandir por el mundo el aire de misterio que rodeaba a sus intérpretes más taquilleros hasta elevarlos a una suerte de semidioses de la pantalla, sino porque también muchos de ellos habían vivido experiencias tan fascinantes y enriquecedoras como los personajes que les tocaron en la ficción.

