
Un accidente en la infancia lo marcó de por vida, pero de la limitación con la que se encontró surgió la oportunidad; maestro en el arte de las barajas, se hizo famoso por sus actos y por su frase de cabecera: “No se puede hacer más lento”
Sus ojos de niño se sorprendían por la quietud del paisaje, por la tranquilidad de su gente, por una paz pueblerina que inflaba el pecho y prometía bienestar. En 1937, Héctor René Lavandera tenía nueve años y junto a sus padres caminaba por primera vez por las calles de Coronel Suárez. La familia era optimista en relación al cambio de ciudad obligado, luego de que en Buenos Aires su padre Antonio fuera víctima de malas decisiones comerciales. Se trataba de barajar y dar de nuevo, como tantas veces haría después con el nombre artístico de René Lavand.
