
Romeo y Julieta en clave de hampa
"I Capuleti e i Montecchi", de Vincenzo Bellini / Dirección musical: Jorge Parodi / Puesta en escena: Marcelo Perusso / Elenco: Rocío Giordano (Giulietta), Cecilia Pastawski (Romeo), Santiago Ballerini (Tebaldo), Walter Schwarz (Capelio) Y Sebastián Angulegui (Lorenzo) / Coro de buenos aires lírica, dirigido por juan casasbellas / Vestuario: Stella Maris Müller / Iluminación: Rubén Conde/ Nuestra opinión: Muy buena.

En la historia del arte fueron muchos los creadores que abrevaron en la leyenda de los eternos amantes de Verona, y Vincenzo Bellini fue uno de ellos. Su obra, I Capuleti e I Montecchi estrenada en 1830, conjuga la orquestación robusta rebosante de melodías cantabiles, con la exigencia del bel canto, y un dramatismo concentrado al punto del arrebato. Buenos Aires Lírica estrenó una versión cronológicamente más cercana de este drama, todavía situado en Verona, pero tamizado por una investidura de mafia italiana al estilo Hollywood. En este contexto el amor de Giulietta y Romeo, representados como una niña sobreprotegida y un jovencito audaz que bordea la matonería, se cuela por la grieta atemporal que se abre entre las familias adversarias.
El trabajo de la orquesta en conjunto fue impecable desde la obertura hasta el final, mostrando un gran respeto por el texto y una considerable sutileza en las dinámicas, sin perder la oportunidad de hacer lucir a los solistas en los interludios.
El dúo de rivales Tebaldo (Santiago Ballerini) y Romeo (Cecilia Patawski) puso en eje el destacable virtuosismo vocal, al mismo tiempo que condujo al dramatismo a su apogeo en la segunda escena del segundo acto, en el que ambos transitaron un arco narrativo que comenzó con el deseo de la muerte ajena para terminar en la imploración de la muerte propia. El giro de sentido lo propicia la marcha fúnebre que pasa por detrás de ellos en plena contienda, transportando a Giulietta a su última morada, también de cristal como las paredes que la rodearon en vida. En la procesión el coro canta solemnemente Pace alla tua bell'anima, con la misma fuerza con la que declararon la guerra a los Montescos al principio de esta historia.
Rocío Giordano propuso una Giulietta correcta -aunque exigida en los pasajes virtuosos de ornamentos más agudos- que se luce con seguridad en la cavatina Morte io non temo, il sai. Walter Schwarz (Capelio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo) cumplen adecuadamente sus roles erigiéndose uno como el gran obstinado y el otro como el mediador piadoso.
El estereotipo de la mafia atraviesa la austera puesta en escena: desde el vestuario, los anteojos de sol -como antifaces contemporáneos- hasta los gestos y las muecas..., aquí las contiendas se acercan más a grescas de bar entre pendencieros que a guerras entre soldados. Esto quita cierta pompa al enfrentamiento entre Capuletos y Montescos, aunque siempre los amantes en la historia están movilizados por motivos tan diáfanos como las melodías de Bellini, en las que el Romeo de Patawski se destaca particularmente. Una vez más, los amantes viven para morir en el abismo de la rivalidad, esta vez entre dos facciones del hampa italiano.
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