
La miniserie de seis episodios es una precuela de la ficción que Shonda Rhimes adaptó a partir de las novelas románticas de la autora Julia Quinn
Desde su estreno, el viernes último La reina Charlotte: una historia de Bridgerton se ubicó en el primer puesto entre las diez series más vistas de Netflix en 88 países, incluida la Argentina. El éxito inmediato y global de la miniserie de seis episodios puede explicarse solo en parte por el atractivo que genera su subtítulo. Se trata, como bien saben los millones que ya la vieron, de una precuela de los relatos desarrollados en las dos primeras temporadas de Bridgerton, la adaptación en formato de serie de la saga de novelas románticas ambientadas en la Regencia británica, escritas por Julia Quinn. Ubicada unos cincuenta años antes de los romances de los hijos de la prolífica familia Bridgerton, la historia que cuenta La reina Charlotte tiene más méritos que ser el aperitivo perfecto (el estreno de la tercera temporada del programa no tiene aún fecha de estreno, pero ya se perfila como las más esperada de la saga). Los nuevos episodios relatarán la historia de amor entre Colin Bridgerton (Luke Newton) y Penelope Featherington (Nicola Coughlan), también conocida como la pluma detrás de la misteriosa Lady Whistledown a la que Julie Andrews sigue prestándole su voz como narradora. Más cerca del romance trágico que de la comedia de modales, La reina Charlotte logra combinar el melodrama y la chispa de sus escenas más sensuales con unas reflexiones sobre la discriminación racial y el paso del tiempo plenas de matices y sensibilidad.

