
La comedia romántica que lanzó a la fama a Bruce Willis se convirtió en un clásico de los años ochenta, pero también en el ejemplo de cómo una seguidilla de malas decisiones pueden malograr un éxito
Cansado de las continuas peleas entre Stephanie Zimbalist y Pierce Brosnan y del mal clima imperante en el set, el productor Glenn Gordon Caron decidió abandonar el equipo creativo de Remington Steele, la exitosa comedia de detectives estrenada en 1982 que lanzó a la fama a quien se convertiría en James Bond años más tarde. Tenía varios proyectos en carpeta y los presentó a varios estudios. Por eso, cuando lo llamaron de ABC creyó que alguna de sus propuestas tendría vía libre. Se equivocó: querían que se hiciera cargo de una nueva serie casi idéntica a la que acababa de abandonar.

