
Por qué el exquisito bar del tercer subsuelo del teatro desapareció para dejar paso a un reducto de vanguardia para 200 espectadores, la sala Cunill Cabanellas
La actual sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín no fue pensada como un espacio teatral en los planes originales de los arquitectos Mario Roberto Álvarez y Macedonio Ruiz. En verdad, fue un espacio imaginado como confitería, que desafiaba cierto manual de estilo con su proponer a la gente que tome algo en un tercer subsuelo, a metros de donde circula el subte, y no con vista a la avenida Corrientes. Todo indica que se dispuso para ese uso desde que esta gran fábrica de ficción teatral que depende del gobierno porteño abrió sus puertas, el 25 de mayo de 1960. En verdad, esa noche que figura en la historia fue para la foto, una especie de sobreactuación. Es que en aquella oportunidad las autoridades pusieron una placa, hubo palabras oficiales, una bendición por parte del cardenal de turno y un recorrido por el edificio. Pero -dato no menor para un teatro- no se presentó nada porque todavía la obra (la arquitectónica) no estaba terminada. Recién a 15 meses de esta apertura para la foto, en la sala Martín Coronado se estrenó La doncella prodigiosa, de Alberto de Zavalía, a cargo del elenco de la Comedia Nacional, con Delia Garcés como actriz invitada. Y la primer producción propia del San Martín, que desde principio de ese siglo forma parte del Complejo Teatral Buenos Aires, se estrenó en septiembre de 1961.

