
Patricia Echegoyen: de su regreso al teatro a su amor con Carlos Calvo y los 30 años junto al hombre de su vida
En una entrevista con LA NACION, la actriz habló de su nueva obra, de su relación con el dinero y recordó su romance más mediático
En una entrevista con LA NACION, la actriz habló de su nueva obra, de su relación con el dinero y recordó su romance más mediático
Es una actriz versátil que puede participar con la misma soltura de un drama, un musical o una comedia. Sin embargo, para la gran mayoría Patricia Echegoyen es sinónimo de comedia. Y, aunque pueda doler el reduccionismo, se entiende la ligazón con el género. “Pata”, como le dicen los más cercanos, es graciosa a toda hora, arriba y abajo del escenario. Es pícara, dueña de una ilimitada batería de gestos y mohines, de registro de voces y no le teme al humor físico, si fuese necesario. Digamos que es una comediante todoterreno. Solo basta recordar sus actuaciones en las comedias Extraña pareja, El último de los amantes ardientes, Toc Toc, Tres e Inmaduros (amén de sus labores televisivas, a lo largo del tiempo, en Gerente de familia, Por amor a vos, Enséñame a vivir y Son amores, entre otras).
A partir de hoy volverá a poner todos sus recursos para el género al servicio de Con la nuestra, la pieza escrita a cuatro manos por Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem, que subirá a escena en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza. Sus compañeros en la tarea de hacer reír al público son Marcelo De Bellis, Rafael Ferro, Gloria Carrá, Tomás Kirzner y la coautora, Aruzzi. A cargo del ensamble de todo está el otro coautor: Menahem (que viene de codirigir el gran suceso cómico de las dos últimas temporadas de la avenida Corrientes: Una navidad de mierda).
—¿Cómo surgió la propuesta y qué te interesó de la obra?
—La propuesta me llegó en el verano mientras estaba en Mar del Plata disfrutando de un año sabático que me tomé al pie de la letra. Venía de tres años con Inmaduros, luego la obra en el San Martín (La gran ilusión) y una película en el medio (Lo dejamos acá, junto a Ricardo Darín y Diego Peretti), así que necesitaba descansar. Me interesaron el texto, el elenco, el director y el teatro. Sentí que me cerraba por todos lados.
—¿Cómo es Meche, tu personaje?
—Meche es una mujer viuda, la mayor de un grupo de señoras de country. Muy asustadiza, religiosa y estructurada, aunque a medida que avanza la obra se ve que no lo es tanto... Todas aparentamos ser “mujeres bien”, pero depende de cómo se nos mire, somos cache.
—¿Qué tipo de comedia es Con la nuestra? ¿De enredos, de situaciones, de puertas que se abren y cierran, física, intelectual o cómo?
—Es una comedia de situaciones. Es como yo pienso que siempre debe ser la comedia: la realidad vista con un lente de aumento. La comedia es muy difícil de hacer porque requiere de mucha verdad. Hacer reír es más difícil que hacer llorar. Con un drama todos lloran, con una comedia... no necesariamente todos se ríen. Aunque sea el género más difícil, yo amo hacer comedia. Para hacer comedia realmente tenés que ser muy buen actor. Te aseguro que un actor de comedia puede hacer un drama sin problemas y cómo, pero, no quiero dar nombres... un actor dramático raramente puede ser buen comediante porque tiene un estilo actoral más bien ampuloso que no va con el género.

—¿Por qué, entonces, a la hora de los premios, se reconoce más al actor dramático que al de comedia?
—Es una gran injusticia y forma parte de un prejuicio. Pero, ojo, en el medio todos saben que es más difícil hacer comedia que drama. Y que para que una comedia funcione, no se puede llamar a cualquier intérprete. Más allá de los premios y de la paga, los comediantes somos de oro.
Entre maestros y prejuicios
—Te formaste con grandes maestros del drama como Agustín Alezzo, Carlos Gandolfo y Alejandra Boero. ¿Cómo terminaste siendo una actriz de comedia?
—Alezzo me tenía apadrinada y no le gustaba que, además, estudiara clown con Cristina Moreira. Pero un día hice una escena de Las preciosas ridículas, de Molière, aplicando las técnicas del clown, y él se murió. Dijo: “¡Eso es Molière!” Eso me enseñó que hay que evitar los prejuicios; en los grandes autores existe el humor. En Shakespeare pasa lo mismo. Yo creo que a mí lo que me pasó es lo que un día me dijo Gustavo Bermúdez: “Vos pasaste de chica linda a actriz cómica”. Y tiene razón, porque yo era una bomba, ¿o no? Luego, el haberme abrazado al humor me permitió que el pasaje a ser una señora fuese más llevadero. Porque a los actores hombres nadie les critica la panza y la pelada, pero a las mujeres... todos nos pegan cada vez que nos aparece una arruga. Hoy, gracias al humor, me puedo reír de mi físico, de mi edad y, en general, de la mujer que hoy soy. Digamos que el humor me sirvió tanto como actriz como para la vida. Aunque hice Chéjov y Lorca en teatro, es innegable que mi destaque más masivo fue en la comedia televisiva Por amor a vos, en 2008, donde mi personaje (Ángela Torales) pegó tan fuerte que me terminé ganando un Martín Fierro. Ahí me quedó claro que nací para hacer comedia.
—¿Por qué creés que hoy hay tantas comedias en cartelera?
—Creo que tuvo y tiene que ver con lo que pasamos en la pandemia y con la realidad social. El mundo está convulsionado y la gente necesita y quiere divertirse. Lo que hoy está pasando con el teatro es maravilloso. Al no haber tanta ficción en televisión, el público quiere ver a los actores en vivo y por eso asiste tanto a las salas. La gente necesita divertirse, olvidarse por una hora y media de los problemas. Para mí, escuchar la risa del público es el mayor premio que puedo recibir, aun más que el aplauso. En momentos así conecto con el porqué elegí esta profesión. Entiendo que mi trabajo de comediante es como una misión, un servicio.
“Mi libertad no tiene precio”
—¿El tema central de Con la nuestra es el dinero?
—Sí, y lo que él puede generar en las personas. Por eso la obra trata de la miseria humana, la desesperación y la codicia. Todo con humor, claro. Y aunque el título podría prestarse a cierta interpretación... te aclaro que la comedia no tiene nada que ver con la política.
—¿Cómo te llevás con el dinero?
—En ese sentido, fui muy despelotada toda mi vida, como el 90 por ciento de los actores; ganaba mucha plata y se me escurría de las manos. Era un desastre. Hasta que un representante, el divino de Diego Farrell, me dijo: “Basta, Pata, no puede ser que gastes tanto” y me enseñó a ahorrar y así logré comprarme mi primer cero kilómetro. Después mi marido, Rodrigo, me ayudó a ordenarme; me dijo: “¿Para qué querés cinco tarjetas si con una o dos te alcanza o te sobra?”. No te digo que a partir de ahí me ordené para siempre, pero ya no soy la señora despilfarro que era antes. Es que soy generosa y no le doy al dinero un valor excesivo, o al menos el que debería darle. Digamos que mi mejor relación en la vida no es con el dinero. Es más, prácticamente no me importa nada.
—¿Qué harías si tuvieras mucho dinero?
—Llevaría a toda mi familia de viaje. A mi mamá, que tiene 94 años, a mis seis hermanos y a todos mis sobrinos. Me encantaría invitarlos a Disney. Yo soy muy de Disney, pero muy... Y muy Daisy. Soy fanática de sus parques temáticos y, para mí, ahí no hay una edad límite para ir. Con mi hija iríamos todos los años, pero mi esposo dice: “¡¿Otra vez?!" La última vez dije: “Basta”. Porque empecé a tenerle miedo a las montañas rusas. Pero ahora, de nuevo... qué sé yo, en el fondo tengo una niñita que nunca se cansa de Disney.
—¿Qué llegaste a hacer por dinero y qué no harías nunca por él?
—¿Vos decís si alguna vez tuve sexo por dinero? Ni loca, antes me muero. Lo que una vez dejé de hacer por dinero y luego me arrepentí... Me llamaron para integrar el elenco original de Toc Toc, ¿y yo qué dije? “Ay, no sé”. Estaba haciendo una tira en televisión y no la quise dejar. Entonces me autoconvencí diciéndome: “No pasa nada, Pato, es una obra más”. Después, cuando la pieza se convirtió en el suceso que fue, todos me enrostraban la cantidad de casas que los actores que habían aceptado participar se habían llegado a comprar y me quise matar. “¡Ay, la p... madre que los parió!“, me dije. Bueno... como verás, tengo cero ojo para los negocios. Pero cuando un tiempo después me llamaron para hacer Toc Toc, no lo dudé y dije que sí de una.
—¿Has tenido problemas de pareja por dinero?
—No, bueno... En honor a la verdad, digamos que sí, pero no voy a dar nombre, pero fue en medio de una separación. Me quiso retener con el tema de la plata, me cortó todas las tarjetas que compartíamos y no me importó nada; le dije de todo y me fui sin nada, a empezar de cero. No me importó nada. Yo no me vendo. Mi libertad no tiene precio. Yo siempre fui una mujer muy libre y también muy fóbica. Yo creo que en las parejas uno actúa la fobia y el otro, la contrafobia. Bueno, yo siempre actúo la fobia. Para mí no hay peor cosa que me quieran retener. Por eso, yo siempre me voy de los lugares y de las relaciones donde me siento asfixiada. Cuando me siento mal, me voy; y si es posible, pegando un portazo. Ahí aparece la actriz dramática, al estilo de Cipe Lincovsky.
Carlos Calvo y la familia
—A propósito de los vínculos sentimentales, ¿has sido mujer de muchos amores?
—Yo he tenido amores y disfrutado la vida, digamos, pero tampoco han sido muchos, ¿eh?, pero sí, he tenido algunos. Pese a lo de la fobia, mis relaciones han sido bastante largas. De hecho, prácticamente toda mi vida estuve en pareja. Sola, completamente sola, muy pocas veces.
—¿Tu relación más mediática fue la que viviste con Carlos Calvo? ¿Cómo lo recordás?
—Fue muy fuerte al principio por quién era él y por el momento en el que se encontraba en su carrera, pero, puertas adentro, la nuestra era una relación normal. Le guardo un gran cariño y me da mucha tristeza que haya partido de la forma en que sucedió. Al principio, cuando nos separamos, no había buena onda entre nosotros, pero luego de unos años, me vino a ver con su mujer a un musical, que hoy no recuerdo si fue Hairspray o Cabaret, y se acercó a saludarme al camarín. Y tuvimos la mejor. Después, cuando le pasó todo lo que le pasó, estuve en contacto con su grupo de amigos e intenté ir a visitarlo. Pero él no quiso que lo viera en ese estado y yo lo respeté. Cuando falleció, no dudé ni un segundo en ir a su velorio. Fui muy bien recibida y con Karina (entonces ya su exmujer) nos fundimos en un abrazo.
—¿Es verdad que dejaste al que hoy es tu marido por él?
—Ay, ¡ahí nos metemos en un tema pantanoso! [risas]. Con Rodrigo estábamos saliendo hacía un año y medio cuando, de repente, me enamoré de Carlos trabajando juntos en el programa Hola Papi. Aquello fue un flash total. Que duró lo que duró —también un año y medio— y punto. Después pasaron tres o cuatro años, en los que yo tuve otras historias y Rodrigo también las suyas, hasta que nos reencontramos porque yo necesitaba mudarme y él tenía una inmobiliaria. Así que le pegué un llamadito. Un día, sin previo aviso, me citó para mostrarme un departamento y yo me aparecí hecha un escrache, sin maquillaje y toda transpirada tras una clase de gimnasia. Aun así, me dijo que yo había sido la mujer de su vida y que me seguía amando. Y ahí, sin querer queriendo, volvimos; y al toque empezamos a buscar a la nena.
—¿Qué balance hacés de tu relación de 30 años con Rodrigo Prado del Río?
—Hoy no tengo dudas. Rodrigo fue y es el amor de mi vida. Te lo digo y me emociono. A veces pienso que nos conocemos de otra vida. Yo soy pisciana y no soy fácil. Vivo siempre en mi mundo y él me adivina; siempre sabe lo que me va a pasar. Él no es del medio, pero se adapta y me acompaña. Me comprende y me contiene. Cuando estuve dos años de gira con Toc Toc, él se quedó cuidando a nuestra hija (Lucía, hoy ya de 21 años, bailarina y estudiante de traductorado de inglés) que era chiquita para que yo pudiera seguir trabajando. Él me cubrió muchísimo, y además venía con la nena adonde fuese para que siguiéramos compartiendo tiempos en familia. ¿Cómo no amar con locura a este hombre?
—¿El casamiento, llevado a cabo hace cinco años, cambió en algo la relación?
—Hace cinco años nos casamos formalmente y aunque al principio pensé que sólo se trataría de un trámite, me re emocioné y me re enamoré aún más de Rodrigo. No sé si soy una Susanita, pero no cabe duda de que soy una mujer muy romántica. Por eso creo que el matrimonio terminó de coronar nuestra historia de amor; que casi quedó trunca, por cierto, pero que, como en toda buena novela, encontró un final feliz.
Para agendar
Con la nuestra, una obra de Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem. En la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Av. Corrientes 1660). De jueves a domingos. Entradas por Plateanet.
