
Un triunfo en la gran tragedia del exotismo

Madama Butterfly de Giacomo Puccini / Dirección musical: Antonio María Russo / Dirección escénica: Ana D'Anna / Reparto: Laura Polverini (Madama Butterfly), Marcelo Gómez (Pinkerton), Milagros Seijó (Suzuki), Alejandro Spies (Sharpless), Norberto Lara (Goro), Josué Miranda (Yamadori), Felipe Cudina Begovic (Bonzo), María Goso (Kate), Norberto Crespi (Yakuside) / Juventus lyrica / En el Teatro Avenida / Nuestra opinión: muy bueno
Juventus Lyrica tomó una gran decisión al cerrar su temporada con Madama Butterfly: una ópera conmovedora, que pone a prueba la capacidad artística de cada intérprete con una cuota de hipnótico exotismo. La historia condensa su acontecer en el (des)amor entre la joven geisha Madama Butterfly y el teniente yanqui Pinkerton, con una asimétrica relación que se cuela entre las fisuras de un Japón conservador que se resquebraja por el peso de la penetración capitalista. Esta coyuntura está presente en toda la obra, a través de las melodías folklóricas orientales así como en las claras citas al himno de los Estados Unidos. En este espacio liminal, entre las aristas del exotismo y la sutileza que requiere el acompañamiento del elevado lirismo en los dúos y arias solistas, supo establecerse el director y su orquesta con gran solidez. El trabajo realizado por el reparto fue de un refinamiento fascinante, no sólo en el aspecto vocal, sino también en la búsqueda del lenguaje corporal y de la profundidad psicológica. Triunfó con gran naturalidad la soprano Laura Polverini encarnando exitosamente a una Madama Butterfly que presenta el desafío de ser una heroína compleja, cuya fragilidad de "muñequita" es sólo superflua. Marcelo Gómez (Pinkerton) logró moldear a su personaje con una gran presencia escénica y una proyección vocal notable. El cuadro lo completan Milagros Seijó (Suzuki), Alejandro Spies (Sharpless) y Norberto Lara (Goro) con un trabajo de patente calidad.
La escenografía se centra en la pulcritud de la arquitectura tradicional japonesa, y las mutaciones funcionan a través de la iluminación y la circulación de los personajes. Cierta lentitud domina las entradas y salidas de las figuras, lo que genera una percepción casi pictórica de las escenas. De un encanto singular fue la elección estética que amalgamó al segundo y tercer acto, con una elisión en la que aguardamos junto a Madama Butterfly la aparición de Pinkerton.
En las tensiones culturales están las posibles claves de lectura de esta ópera, en la que el nudo se dispara a partir de la diferencia en las concepciones del compromiso entre Pinkerton y Madama Butterfly. Sólo la desolación queda luego de la penetración cultural sin reservas, del amor y la espera obstinada. Juventus Lyrica ha logrado labrar con fina destreza un broche de oro para cerrar su temporada.
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