
El calentamiento global pone en jaque a las generaciones futuras, que dependen de lo que hagamos hoy
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Hemos dejado de creer en tantas cosas que no debería sorprendernos ahora que las pruebas resulten insuficientes para modificar nuestro comportamiento, aun cuando esté en juego nuestra propia subsistencia. Esa es nuestra civilización. Hay reacciones individuales, marchas apocalípticas organizadas en las redes sociales –que aumentan el escepticismo–, pero en términos globales hay una estructura patológica de negación, incluso ante las tormentas desmesuradas, los veranos incandescentes, las inundaciones recurrentes y las cada vez más prolongadas sequías. Así, aunque las evidencias científicas sean abrumadoras, nunca alcanzan.
Por Luis Castelli

