
Los Grandes Modelos de Lenguaje son lo más disruptivo del momento; así funcionan y estos son sus límites
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Hace muchos años, en una ciudad de la provincia de Buenos Aires, una vecina tenía un loro. Célebre por sus destrezas para replicar el lenguaje humano, nadie sabía que el locuaz volátil escondía además un secreto: también imitaba la voz de su dueña cuando se encontraba solo en casa. Por ejemplo, cuando el cartero tocaba el timbre.
Por Ariel Torres

