Dos mapas certeros para dar con el tesoro de Spinoza
Un libro de Alexandre Matheron y otro de Guillermo Sibilia invitan a una inmersión en la obra del filósofo holandés
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En la historia de la filosofía hubo pensadores que rápidamente lograron un reconocimiento masivo y que disfrutaron (o padecieron, según el caso) de la celebridad en vida. Otros, en cambio, evitaron las luminarias y decidieron pulir sus textos en la penumbra. Baruch Spinoza (Ámsterdam, 1632-1677) es un ejemplo de este último caso. Si bien fue valorado por algunos de sus pares en su tiempo, su pensamiento fue más sospechado que conocido por un público mayor. Su obra tuvo que esperar varios siglos para convertirse en éxito editorial. Uno de los epicentros del renovado impulso del interés por su trabajo fue la Francia de fines de los años 60, en la que figuras de la talla de Martial Gueroult, Alexandre Matheron y Gilles Deleuze le consagraron su atención, poniendo en evidencia que los textos de Spinoza constituyen un auténtico tesoro, digno de ser recuperado.
Pero el tesoro spinoziano viene resguardado en un cofre difícil de abrir. Su libro principal (no publicado en vida) es la Etica demostrada según el orden geométrico. Y es, precisamente, ese ordenamiento geométrico el que hace de esta obra -que ahora se reconoce como fundamental en la historia de la filosofía- una de las más difíciles de leer para alguien que no sea especialista. Claro que esta dificultad no siempre fue tal. En el momento de su elaboración, durante el siglo XVII, todas las expectativas estaban puestas –particularmente luego de los trabajos de Galileo y Descartes- en el lenguaje matemático. En aquel entonces, dicho lenguaje no era percibido como un obstáculo para acceder a la verdad sino, al contrario, como su camino más seguro.
Dos libros de reciente aparición acuden en auxilio de los lectores interesados en acercarse a Spinoza. En el primero de los casos, se trata de la traducción, esperada desde hace ya mucho tiempo, de Individuo y comunidad en Spinoza, de Alexandre Matheron. Inexplicablemente, a pesar de ser un texto de referencia en los estudios spinozianos desde su publicación en 1969 (y que en nuestras universidades se estudia desde hace tiempo en traducciones parciales, apuntes de cátedra o directamente mediante fragmentos en el idioma original), no contaba hasta la actualidad con traducción al español.
Como el título del libro indica, el problema central abordado allí es el de la articulación entre individuo y comunidad. Con una sencillez que por momentos hace imaginar a un profesor dictando una clase, Matheron desmenuza las principales proposiciones de la Ética, propone diversos recorridos, analiza conceptos y establece esclarecedores vínculos entre esa obra y otros textos, como el Tratado teológico político y el Tratado político. Cuando considera que uno de los problemas planteados fue suficientemente tratado, tras una breve recapitulación introduce una nueva pregunta que anticipa el desarrollo del tramo siguiente. Los momentos más ásperos en la lectura son aquellos en los que el autor superpone sus propias formalizaciones a las de Spinoza. Esto, quizá, en lugar de favorecer el avance en la comprensión aumente la dificultad en la lectura de algunos pasajes.
El segundo libro, De la creación continua al tiempo vivido, de Guillermo Sibilia (UBA, Conicet), brinda la posibilidad de aproximarse a Spinoza a través de Descartes. En este trabajo queda claro que el lenguaje matemático empleado por Spinoza no fue fruto de un mero capricho, ni una simple cuestión de estilo. La revolución científica impulsada por Descartes y Galileo “se funda –sostiene Sibilia- en la geometrización del movimiento y en la concepción mecanicista de la naturaleza. La cuantificación de la naturaleza produce una metamorfosis en su interpretación que la reduce a (…) un sistema mecánico que opera según leyes fijas y eternas, sobre la base de las cuales se discierne su funcionamiento y se deducen sus propiedades esenciales, eliminando así el misterio del universo”.
Los conceptos en los que pone el foco de atención el texto son la eternidad, el infinito, el tiempo y la duración. Términos que en el sentido común se vinculan o incluso se intercambian entre sí, pero que en el terreno filosófico presentan diferencias clave y que en el caso particular de Descartes y Spinoza son cruciales para establecer continuidades y rupturas.
Uno de los grandes aciertos del texto es el modo gradual, casi cauteloso, con el que se va mostrando el tránsito de un filósofo a otro. Los primeros capítulos consisten en una exposición sintética de la metafísica cartesiana. Se pasa luego al análisis de textos que Spinoza dedicó al pensamiento de Descartes en los que “Descartes aparece como un ‘puente’ que Spinoza recorre críticamente en dirección a su propio pensamiento: una herencia que, para dar frutos, debe ser retomada con lucidez y críticamente desde dentro”. Finalmente, el libro de Sibilia se adentra en los textos de Spinoza, particularmente en su Ética, para exponer con precisión sus planteos sobre la eternidad, la duración y el tiempo.
Ni el libro de Matheron ni el de Sibilia son en sentido estricto textos “introductorios” a la filosofía de Spinoza. En ambos casos hay un interés centrado en problemas específicos que ofician de hilo conductor. Pero, ambos autores son conscientes de que para llegar a exponer sus tesis deben llevar al lector a adentrarse en el universo spinoziano, a comprender sus conceptos fundamentales (como sustancia, atributos, modos). Si tomamos el caso de la sustancia (equivalente en Spinoza a la naturaleza o a Dios), Matheron muestra que aquello que llamamos “individuo” -por ejemplo, un ser humano-, no puede ser independiente de la sustancia, de la cual es un modo. De ahí que la comunidad a la que alude el título de su libro no se componga por sumatoria de entidades previamente aisladas. La comunidad ya está en esas singularidades que son modos de expresión de la naturaleza, de Dios. El desafío para los seres humanos es alcanzar el conocimiento de esa unidad en la que participan. Por su parte, también en el trabajo de Sibilia el concepto de sustancia es ineludible. Porque es allí donde la eternidad encuentra su lugar. Dios no es, como en Descartes, un creador continuo. En Spinoza, sostiene el autor, se produce un “reemplazo explícito de una ontología de la creación por una ontología de la producción inmanente”.
Vemos que, sin pensarse como textos introductorios en el sentido tradicional, tanto Individuo y comunidad en Spinoza como De la creación continua al tiempo vivido aportan mapas que permiten al lector dar con el tesoro spinoziano. Tesoro del que, indudablemente, aún quedan muchas joyas por descubrir.

Individuo y comunidad en Spinoza
Por Alexandre Matheron
Trad. Nicolás Lema Habash
Editorial Cactus
736 páginas

De la creación continua al tiempo vivido
Por Guillermo Sibilia
Ragif Ediciones
408 páginas


