
Desde los rituales indígenas en las misiones jesuíticas hasta los encuentros de paisanos en las pulperías, la embriaguez y la borrachera tenían sus escenarios y sus consecuencias
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Según los griegos, a Dionisio –dios del vino– no le agradaban los abstemios y no dudaba en castigarlos de manera brutal. No se trataba solo de una divinidad festiva, sino de una fuerza que encarnaba tanto el placer como el caos, capaz de premiar la alegría compartida o desatar la locura de quienes desafiaban sus ritos.
Por Luciana Sabina

