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Acuerdos sin espadas son solo palabras, escribió el filósofo inglés Thomas Hobbes, hijo de las guerras civiles en la Inglaterra del siglo XVII. Tres siglos después, otros terrores vencieron a las espadas. ¿Y acaso no son palabras las normativas que consagran los derechos universales, nacidos tras los horrores del nazismo? Sin usar las armas, con solo palabras, obligan a los Estados a proteger a los ciudadanos de las opresiones, los abusos y la crueldad. Una filosofía jurídica nacida 75 años atrás a la que adhirieron la mayoría de las constituciones democráticas, incluida la nuestra.
Por Norma Morandini

