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Javier Milei durante el anuncio del decreto, con Sturzenegger y todo el gabinete detrás
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El peligroso atajo del poder concentrado

Las políticas sociales y económicas sólo son permisibles si se acomodan a las obligaciones que la Constitución impone

Las políticas sociales y económicas sólo son permisibles si se acomodan a las obligaciones que la Constitución impone

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En las líneas que siguen quisiera contradecir dos justificaciones provenientes de esferas oficiales relacionadas con el primer mega-DNU promovido por el Gobierno. Me ocuparé, ante todo, de criticar la defensa que hiciera su autor intelectual, Federico Sturzenegger –una defensa más bien frívola, que buscó sostener al decreto de espaldas a la Constitución. Luego, objetaré la defensa planteada por el primer abogado del Estado, Rodolfo Barra. Según diré, si la primera propuesta (“Sayekiana”) pareció irresponsable y superficial, la segunda (“schmittiana”) se mostró más meditada, pero también más peligrosa. Si la primera parecía desdeñar la Constitución, esta segunda apareció desdeñosa hacia la democracia. En mi análisis, dejaré de lado una tercera justificación del decreto, también proveniente de esferas oficiales: la realizada por el propio Presidente. Esta última defensa estuvo basada en el insulto y la agresión hacia quienes piensan diferente. Una vez más, el Presidente consideró a sus opositores como ajenos al círculo de los “argentinos de bien”: miembros de la “casta” o meros “coimeros”. Baste decir que se trata de palabras que avergüenzan en los labios de cualquiera, que resultan impropias en una persona de su investidura y que no merecen pronunciarse en una sociedad tan lastimada como la nuestra. Este no es el trato que nos debemos unos a otros.

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