
Sin desconocer al descreimiento actual en la instituciones, una mirada hacia nuestra historia permite poner en debate la tesis de Carlos Nino
Los argentinos somos expertos en autoflagelación. Paradójicamente, mientras nuestros vecinos latinoamericanos se mofan de nuestra egolatría y espamentosa jactancia, nosotros, aquí en casa, nos sometemos a una autocrítica impiadosa y constante. En particular, somos afectos a definir ciertos rasgos incorregibles de nuestra personalidad colectiva, ciertas marcas de la “argentinidad”, para explicar nuestros fracasos y frustraciones como sociedad. Una de ellas es la convicción de que somos poco respetuosos de la ley o que directamente la despreciamos y la violamos cada vez que podemos. No solo eso: también pensamos que “las cosas siempre han sido así”, desde el principio de los tiempos, y por lo tanto no hay muchas esperanzas de cambio.

