
La artista estadounidense, que visitó Buenos Aires invitada por las fundaciones Bunge y Born y Williams, provoca con sus obras debates sobre el uso de la genética
Estaba comenzando su sesión de terapia cuando reparó en el pelo que había quedado atrapado entre dos vidrios rotos de un cuadro. Durante la hora siguiente, Heather Dewey-Hagborg no pudo pensar en otra cosa. “Imaginaba a la persona que lo dejó, y qué podría aprender sobre ella a través de ese cabello. Tuve una suerte de ‘fantasía forense’, en la que me veía tomando este cabello y llevándolo a un laboratorio, y aprendiendo todo sobre alguien desconocido. Cuando salí de ahí, noté que había rastros genéticos de esta clase por todos lados”, cuenta la artista y bio-hacker estadounidense durante su reciente visita a Buenos Aires.
