
Después del suceso de su novela sobre las cicatrices que dejó ETA, el escritor vasco Fernando Aramburu propone una sátira eficaz sobre el absurdo de la violencia
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A veces le alcanza a esa entidad voraz llamada absurdo con que un par de piezas equivoquen su rumbo para que tiempo y espacio –en pocas palabras– se desencuentren. La realidad suele ser cruel con esa clase de malentendidos y la historia con mayúscula, a la que no hace falta aclarar quién le dicta letra, acostumbra a pasarles por encima con su tanque impiadoso sin detenerse en sus pliegues ni matices.

