
La Argentina, en el nuevo desorden mundial
La precisa humorada de aquel enviado especial que en el siglo pasado viajó a cubrir un golpe militar en un país centroamericano sirve para resumir estos momentos, a mitad de camino entre el drama y la farsa. El cronista envió un telegrama a su redacción usando la frase del escritor italiano Ennio Flaiano: “La situación es grave, pero no es seria”.
Desde que regresó Donald Trump al poder, un año atrás, el mundo se ha convertido en un asunto grave: El estilo a menudo estrafalario del presidente estadounidense para nada serio.
Milei está entre los pocos países que aplaude todo lo que hace Trump en todo o nada que incluye la expectativa de que los muy amigos tengan ganado el derecho a la ayuda garantizada
Javier Milei eligió poner al país del lado del generador del mayor caos geopolítico global desde la Segunda Guerra. Es una réplica de las “relaciones carnales” que Carlos Menem sostuvo con George Bush y Bill Clinton con el significativo agregado de una nueva situación global: la relación personal de Milei con Trump y del virulento modo de relacionarse con el mundo de Washington.
Hasta ahora no le fue mal a Milei con su apuesta por Trump. El salvataje cambiario a menos de dos semanas de las elecciones del 26 de octubre pavimentó un resultado por encima de lo esperado por el propio Presidente y borró la encerrona en la que había quedado su equipo económico.
Aquel gol de último minuto que fue la intervención directa del Departamento del Tesoro para frenar la disparada del dólar ocultó los errores de cálculo y la falta de recursos que tenía el gobierno libertario para afrontar la falta de confianza de los mercados y su directa traducción a una presión sobre la moneda.
Después del israelí Benjamín Netanyahu, Milei es el aliado más incondicional del presidente de los Estados Unidos. Israel puede hacer el mismo ranking entre sus aliados. Después de Estados Unidos, viene la Argentina.
El premier judío no es precisamente popular en el mundo; las olas de antisemitismo que retrotraen a otras épocas pretenden una explicación -pero no una justificación- en la dureza de las acciones militares en Gaza luego de la terrible agresión de Hamas, el 7 de octubre de 2023.
En este nuevo desorden mundial, Milei fue uno de los primeros convocados por Trump para formar un Foro por la Paz, un organismo para justificar con la presencia de otros países los embates del presidente de los Estados Unidos en distintos conflictos bélicos.
Trump no deja un día sin detonar las formas establecidas. Arrancó hace un año prometiendo tomarle territorios a Canadá y México y quedarse con Groenlandia, al mismo tiempo que relanzaba la guerra comercial con China poniendo aranceles de importación a amigos y enemigos, y obligando una negociación de emergencia.
Trump siempre amaga y algunas veces pega; el mundo está empezando a descubrirle la secuencia de esos embates
Milei llegó para abrir la economía argentina al mundo justo en el momento en el que su principal referente decidió levantar las barreras proteccionistas más altas en dos siglos.
Trump tiene un estilo: golpear para negociar y luego comunicar el supuesto logro a su clientela electoral. Todo lo que dice y hace en el mundo tiene como destinataria a la opinión pública norteamericana.
Es un esfuerzo de rellenar a golpes de efecto su ego y el favor perdido en algunas franjas de la sociedad que comienzan a notar falta de progreso en la situación económica de su país.
El miércoles, en el Foro de Davos, Trump insistió fuertemente en lo que él considera la necesidad de Estados Unidos de tomar Groenlandia. Un par de horas más tarde, luego de reunirse con la máxima autoridad de la OTAN, dijo tener un marco de acuerdo de seguridad para esa isla dinamarquesa y todo el Ártico.
Trump siempre amaga y algunas veces pega. Como en Venezuela, por ejemplo. El mundo está empezando a descubrirle la secuencia de esos embates.
Milei surfea entre la complejidad de la crisis argentina y el nuevo desorden mundial y su gobierno es una moneda en el aire sacudida por los buenos o malos vientos de distintos orígenes
Dicho en palabras de Peter Baker, de The New York Times: “Nunca en el último siglo Estados Unidos se ha apropiado de territorios ajenos ni ha subyugado a sus ciudadanos contra su voluntad. Desde la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos fue el país que resistió la conquista, enfrentándose a la Alemania de Hitler, al Japón de Tojo, a la Unión Soviética de Stalin, a la Corea del Norte de Kim Il-sung y al Irak de Saddam Hussein cuando se apoderaron de territorio extranjero. Ahora, Trump aspira a convertir a Estados Unidos en un país conquistador”.
Milei está entre los pocos países que aplaude todo lo que hace Trump. Es a todo o nada, en la expectativa de que los muy amigos tengan ganado el derecho a la ayuda garantizada.
China mira el espectáculo de la peor crisis de la historia entre Estados Unidos y Europa con regocijo.
La apertura de la economía que el Presidente defiende con la vehemencia de un integrista se encuentra con la paradoja de que la reducción de las barreras para importar en la Argentina tiene como primer beneficiario a China. La espectacular llegada de un barco con cinco mil autos eléctricos al puerto de Zárate fue una de las imágenes de la semana.
Milei tiene la necesidad de abrir la economía en el momento en que su principal sostén político internacional opera la mayor ola de proteccionismo impulsada por los Estados Unidos. Es verdad que Trump usa el recurso de poner y sacar aranceles de la noche a la mañana en un regateo ejecutado desde una posición de supremacía. No es una cuestión de ideología, es una demostración de fuerza para presionar, amedrentar y obligar a acuerdos bajo una nueva condición. ¿Qué diría el presidente argentino si, en lugar de Trump, el Brasil de Lula arancelara su comercio?
La Argentina no da para esas ocurrencias. Al cabo de dos años, el Presidente puede mostrar que bajó la inflación, pero no la derrotó por completo. En el camino encontró que debe reunir dólares para pagar la deuda y eso mantendrá los aumentos de precios todavía por un cierto tiempo.
La celebración de haber puesto en azul los números en rojo de las cuentas públicas es merecida. A medida que pasa el tiempo, Milei y su ministro Luis Caputo necesitarán que la economía tenga un crecimiento consistente y genere más dólares para hacer sostenible el superávit, luego de pasarle la motosierra a gastos que en algún momento tendrán que hacerse otra vez.
Milei surfea entre la complejidad de la crisis argentina y el nuevo desorden mundial. Su gobierno es una moneda en el aire sacudida por los buenos o malos vientos de distintos orígenes.
El premier canadiense, Mark Carney, hizo la mejor síntesis de este momento, el de más fuerte mutación que se recuerde en 80 años: “Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”.







