
La obsesión de Netanyahu por mantenerse en el poder
Pese a los cuestionamientos, el premier buscará por onceava vez la jefatura del gobierno israelí
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Muchos líderes a lo largo de la historia han cometido el fatídico error de no saber retirarse a tiempo, traicionando su legado en pos de una permanencia en el poder innecesaria y contraproducente. Benjamin Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha estado en el cargo en la historia del Estado de Israel, es un caso paradigmático.
El próximo martes , Netanyahu buscará por onceava vez en su carrera política (la primera fue en 1996) la jefatura del gobierno israelí. Y si bien los sondeos no son concluyentes sobre sus chances electorales, llega con una pesadísima mochila tras tres años de guerra sin cerrar, una erosión muy fuerte de la imagen del país en el mundo y una entrega de poder a los sectores más reaccionarios y violentos de la sociedad israelí.
“La tragedia de Netanyahu es que ha borrado cada uno de sus importantes logros en todo los campos. Tanto en el campo económico, en el diplomático y en el militar”, dijo el escritor e investigador israelí Yossi Klein Halevi en charla con este diario. “Y lo hizo con máximo cinismo, destruyendo tradiciones de convivencia vitales en la sociedad israelí”.
En sus inicios, Netanyahu logró agigantar la posición de Israel en el mundo con un proceso de liberalización económica que disparó altas tasas de crecimiento y sentó las bases para un sector tecnológico que se posicionó entre los más dinámicos del mundo.
Luchó para confrontar y aislar a Irán, a quien consideró siempre el principal propagador de terrorismo en el mundo y en 2020 logró junto a los Estados Unidos la firma de los Acuerdos Abraham, que normalizaron las relaciones entre Israel y cuatro países árabes. Fue el primer acuerdo de esas características en más de 25 años y permitió estrechar relaciones comerciales y diplomáticas entre los países firmantes.
Algunos de sus más fuertes críticos le reconocen incluso haber realizado un buen manejo de la crisis del Covid en 2020. Israel fue el país que más velozmente aplicó vacunas a su población.
Sin embargo, el hombre que se posicionó siempre como el garante de la seguridad israelí, estuvo a cargo del país el 7 de octubre de 2023, el día más trágico y sangriento en la historia del Estado de Israel.
A partir de su último ascenso al poder, a fines de 2022, Netanyahu empoderó sectores ultraderechistas que apoyaron su coalición de gobierno y buscó una reforma judicial que fue denunciada por sectores mayoritarios como un intento por controlar la justicia y erosionar la calidad democrática del país. Transformó al Likud, un partido de centro derecha con fuerte tradición democrática, en un partido ultranacionalista.
“Netanyahu le declaró la guerra al mayor activo de la sociedad israelí, que es su sentido de solidaridad nacional”, dice Klein Halevi. “Transformó a adversarios políticos en enemigos del Estado de Israel y nos llevó al borde del enfrentamiento civil.”
Se desataron manifestaciones históricas y la confrontación interna llegó a niveles nunca antes vistos. Altos mandos militares alertaron al premier que la división interna del país podría alentar ataques externos, una advertencia que Netanyahu desoyó.
Luego del 7 de octubre, Netanyahu, lejos de asumir responsabilidad por lo sucedido, buscó hacerla recaer sobre sus mandos militares y se negó a la creación de una comisión independiente para investigar los sucesos que llevaron a lo que muchos consideran la mayor catástrofe en la historia del Estado de Israel. Es la primera vez en la historia del país que un premier se niega a crear una comisión investigadora para analizar un evento militar de proporciones.
A su vez, politizó la crisis de los rehenes tomados por Hamas, visitando a familias de soldados y secuestrados que le eran políticamente afines. “En los últimos cuatro años Netanyahu le hizo más daño al país que cualquier enemigo externo,” dijo a LA NACION el historiador israelí Raanan Rein, quien coincidió en reconocer los éxitos iniciales de las gestiones de Netanyahu. “A raíz de lo sucedido en estos últimos tres o cuatro años cada vez mas gente pone en duda la legitimidad de Israel. Y es un fenómeno que tiene relevancia para los intereses nacionales del país y también para los judíos en todo el mundo”.
Netanyahu es responsabilizado por haber dejado crecer el poder militar de Hamas en Gaza, permitiendo transferencias de dinero de Qatar con el objetivo de mantener divididos a los palestinos. Por un lado la Autoridad Palestina en Cisjordania y por otro Hamas en Gaza.
Siempre se posicionó como el líder que podía manejar como nadie el vínculo con los Estados Unidos, su mayor aliado histórico. Bajo su gobierno, la imagen internacional del Estado de Israel cayó a los niveles más bajos desde su creación en 1948, con un debilitamiento muy evidente en países europeos pero incluso en los Estados Unidos, donde la imagen de Israel es resistida no solo en sectores de la izquierda sino en el mismo Partido Republicano, donde Netanyahu cultivó a sus mayores aliados.
Al dejar a la policía en manos de un ultra derechista como Itamar Ben Gvir, alentó a que colonos en Cisjordania ataquen con regularidad poblaciones palestinas, generando un daño a la reputación de Israel en el mundo.
Es imposible determinar si la obsesión de Netanyahu por permanecer en el poder guarda más relación con un mesianismo creciente o con su afán por evitar comparecer ante tribunales en un caso por corrupción. Actualmente, ha lanzado una política de alianzas para captar hasta el último voto de la ultraderecha con el objetivo de perpetuarse en el cargo.
“Después de todo lo sucedido, que Netanyahu aún tenga chances de mantenerse en el poder es algo que para muchísimos israelíes es simplemente shockeante,” dijo la periodista Ruth Margalit, corresponsal de la revista The New Yorker en Israel.



