
El novelista, último Premio Nobel de Literatura, critica el nacionalismo de su país y a los populismos en general
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BARCELONA.- Aureolado por el Premio Nobel de Literatura y por los mechones de pelo blanco que —junto con la barba cana y los ojos de un azul tan puro que hieren— le dan un aspecto de apóstol o profeta, el escritor húngaro László Krasznahorkai (Gyula, 1954) espera en el bar del hotel tras haberse dado el día antes un baño de multitudes, insólito para un autor tan depurado y exigente como él, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).
Por Jacinto Antón

