Lecturas. Ali Smith y el arte de reinventar la escritura política
En su última novela, la escritora británica desarma las convenciones de la ciencia ficción para indagar en el poder liberador de la palabra
6 minutos de lectura'

Hay distintos caminos para convertir la escritura política en arte: Ali Smith (Inverness, 1964) parece reinventarlos uno a uno en sus narraciones. Tras haber retratado en sus más de veinte publicaciones el mundo actual como nadie, ahora imagina el futuro en Gliff, su novela recientemente traducida al castellano. En ella desarma las convenciones de la ciencia ficción a través de la historia de dos hermanas adolescentes. Luego de que su casa fuera marcada con una línea roja, son desalojadas y tienen que arreglárselas solas para sobrevivir en un entorno dominado por la tecnología, los totalitarismos y la deshumanización. Se trata de una distopía, por supuesto, solo que el énfasis no está puesto en las coordenadas de esa realidad hostil, sino en una nueva especie de heroísmo: el que construyen con un caballo que las chicas rescatan del matadero. El animal, además de darle nombre a la novela, se vuelve el guía hacia la confianza, la ternura y la solidaridad; valores olvidados que poco a poco las ayudan a crear la esperanza de una alternativa más feliz.
Tras haber retratado en sus más de veinte publicaciones el mundo actual como nadie, ahora imagina el futuro en Gliff, su novela recientemente traducida al castellano
Por empezar, Briar y Rose se cuidan mutuamente con una dedicación conmovedora por su delicadeza. Se ven obligadas a vivir solas porque su mamá tuvo que irse por una emergencia familiar y su padrastro las dejó en una casa deshabitada para ir a buscarla; la cuestión es que él nunca regresa. Ellas pertenecen al grupo social de los “inverificables”, seres humanos que, por los motivos más ridículos, quedan relegados a una subcategoría que permite a las autoridades disponer de sus voluntades como si fueran esclavos, confinándolos a trabajos insalubres y condiciones indignas en los que usualmente terminan mutilados por la cercanía con elementos tóxicos.
Ahora bien, más allá de su potencia para hablar de ciertas cuestiones que preocupan en el presente, el contexto en el que viven es solo el marco, y aparece tan dosificado que, por momentos, hay que adivinar lo que de verdad pasa. La lectura resulta inquietante. Así y todo, lo que importa en la trama es la relación entre las hermanas, que parecen vivir con reglas paralelas a las de su tiempo. Juegan, observan la naturaleza y, más que ninguna otra cosa, se cuentan historias que las sostienen en los momentos difíciles, y al mismo tiempo, alimentan la imaginación y la confianza en otro destino posible. Ese vínculo da un giro definitivo cuando el caballo entra en sus vidas.
Como es habitual en la obra de la escritora escocesa, aparece un ida y vuelta temporal que enlaza la historia de las adolescentes con la de una de ellas ya adulta, quien trabaja como supervisora en una especie de fábrica futurista que se parece bastante al infierno. Solo que ella, a esa altura, parece estar en una situación de poder. Ambos tiempos tensan la trama y aportan una perspectiva reveladora sobre los personajes.
Lo más fascinante de su obra no anida en las descripciones de la realidad, sino en el poder que tiene la imaginación para proponer grietas de luz, aun cuando lo que se presenta es de una oscuridad abrumadora
Si en esta novela la distopía se vuelve el modo de mostrar el presente mejor que cualquier realismo, en Fragua, otra de sus ficciones recientes, el contexto de la pandemia y su deshumanización enmarcan un enigma: una antigua conocida de la universidad llama a otra, después de décadas de no hablarse, para pedirle que la ayude a resolver una cuestión que se le planteó en el control de un aeropuerto, donde la detuvieron durante medio día sin darle ninguna explicación. Otra vez el tiempo se desdobla en el relato, e intercala la narración de la vida de una joven herrera del pasado. En este caso, el misterio lleva a mirar el valor del arte, el conflicto de las fronteras y la invisibilización de las mujeres.
La versatilidad de la escritura de Smith despierta admiración. Basta pensar en su celebrado Cuarteto estacional para comprender la dimensión de su proyecto literario. Esa obra contiene la cartografía de la contemporaneidad, con las crisis políticas, de sentido y existenciales que, de alguna manera, delimitan las experiencias actuales. Las cuatro novelas que la componen relatan historias autónomas, se despliegan en estéticas distintas y, aun así, abren los ojos a las zonas más críticas de nuestra época. Ya desde la primera de la serie —Otoño— ahonda en la potencia de los vínculos para encontrar un camino más verdadero a través de la amistad inesperada entre un músico anciano y una niña. Al mismo tiempo, con frescura, humor y profundidad, expone el sinsentido de los nacionalismos y la discriminación por edad, raza o género. Los mismos temas reaparecen en toda la secuencia, que sigue con Invierno, Primavera y Verano, a través de escenarios en los que Donald Trump, el Brexit, los incendios de Australia, la crueldad contra los migrantes e incluso el Covid se levantan detrás de las tragedias diarias que viven los personajes. De hecho, se dice que no hay otro autor que retratara como lo hace Smith el proceso que llevó a la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. No solo eso: en las cuatro experimenta con estructuras fragmentarias, saltos temporales, historias que se enlazan por un detalle o un personaje y cartas poéticas Así sincroniza forma y contenido con tantas resonancias como solo el verdadero arte es capaz de generar.
Es lo que ocurre, por ejemplo, en Gliff. Briar le enseña a Rose el valor de las palabras, juegan con los sentidos y logran que su mundo se extienda tanto como los significados que descubren. “¿Éramos los que vivíamos en un mundo de palabras los verdaderamente engañados sobre dónde y qué creíamos de las cosas que nombrábamos?”, se pregunta Briar. Y en su planteo se ve: la esperanza anida en la imaginación de las hermanas, en su generación, en los que no se resignan a los sentidos predichos por un algoritmo y se animan a mirar un poco más allá.
En el fondo, decir escritura política, en la obra de Smith, significa desarmar lo que se entiende por ser humano contemporáneo; ahondar en los principios, las relaciones y los deseos que le dan sentido a una vida en el marco de los imperativos de las distintas épocas. Quizás por eso lo más fascinante de su obra no anida en las descripciones de la realidad, sino en el poder que tiene la imaginación para proponer grietas de luz, aun cuando lo que se presenta es de una oscuridad abrumadora.

Gliff
Ali Smith
Nórdica
Trad.: Magdalena Palmer
237 páginas
$ 19.900

Fragua
Ali Smith
Nórdica
Trad.: Magdalena Palmer
216 páginas
$40.900



