
Una flamante vida del escritor, realizada por Lucas Adur, echa luz sobre la fe colectiva en la literatura que profesaba el autor de El Aleph
Quizá no pueda captarse un solo momento en que Borges no haya sido Borges, aun desde ese doble efecto –ambiguo o contradictorio- que produce recorrer una vida semejante en la lectura. Entre, por un lado, la desmitificación que surge de observar una existencia en sus minucias y, por otro, la edificación infalible del coloso literario, lo segundo se impone por escándalo, ofreciéndonos la contundencia de un destino. Ese destino es posible rastrearlo mucho más allá de sus primeros pasos (incluido el hombre de letras que fue el padre, al que se le negó la gloria que el hijo sí atrapó). El propio Borges lo moldeó no solo a partir de sus dos célebres linajes sino también desde la construcción absolutamente consciente de una figura de autor y el reencauzamiento o reinterpretación constante de su propia historia.

