
Los gobiernos autoritarios suelen privilegiar la ciencia aplicada a la investigación para fortalecer sus regímenes; los expertos temen que Trump esté siguiendo ese camino
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La guerra contra la ciencia comenzó hace cuatro siglos, cuando la Iglesia católica prohibió los libros que reimaginaban los cielos. Los regímenes posteriores fusilaron o encarcelaron a miles de científicos. Hoy, en lugares como China y Hungría, un tipo de “hombre fuerte” menos temible recurre a recortes presupuestarios y vigilancia de alta tecnología para intimidar a los científicos.
Por William J. Broad
