
El acto en homenaje a las víctimas del terrorismo y las protestas que despertó denotan otra grieta que no cede
¿Qué hacemos con nuestros muertos, asesinados por la sinrazón de la violencia política? La pregunta vuelve a imponerse ante el reciente acto por las víctimas del terrorismo en la Legislatura de Buenos Aires. Una triste emulación de los enfrentamientos ideológicos del pasado. Todos los muertos, despojados de la ideología, son parte de la misma tragedia. No se puede equiparar la violencia administrada por el Estado con la de los grupos guerrilleros. Pero, en términos de sufrimiento, no hay jerarquías ni diferencias en el dolor que sentimos ante la falta de un ser querido en la mesa familiar. Sin embargo, a juzgar por los nuevos enfrentamientos y cruces verbales a los que asistimos en estos días, seguimos caminando sobre cadáveres y corremos el riesgo de que nuevamente el pasado se interponga entre nosotros, ya no como una grieta, sino como una fosa imposible de atravesar con el único puente con el que contamos: la ley democrática, igual para todos, y el respeto a todos los muertos, despojados de ideologías porque los tribunales de la democracia ya juzgaron y condenaron a los que mataron, secuestraron y torturaron.

