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Messi, fiel a la ética del deseo
Después de haber llegado a lo más alto en Qatar, la epopeya del diez en este Mundial nos recuerda que, siempre, podemos elegir
Alan Talgham
8'minutos de lectura
Hay algo misterioso en contemplar todos los días una misma cosa. Observarla con tal detalle que uno cree percibir los cambios mientras suceden. Nos ocurre con el árbol que se asoma a nuestra ventana. Podemos distinguir la más tenue coloración amarillenta de las hojas, el nacimiento de un pequeño brote que no estaba allí el día anterior. Sabemos que el árbol va a florecer, que las hojas se van a secar y van a morir. Y que vendrán otras. Pero no deja de maravillarnos el espectáculo siempre puntual de la naturaleza. Su ritmo inexorable y parejo nos confronta con nuestra propia inestabilidad.
Por Alan Talgham
