Milei, más argentino que disruptivo
Oportunidad, olfato y atracción. Javier Milei construyó sobre esos tres datos su rápida llegada al poder.
Había una oportunidad aportada por el hartazgo que provocaron los fracasos consecutivos de varios gobiernos en el electorado. Milei tuvo el olfato de ir a fondo, sin medias tintas, arrasando las formas para representar a los bolsones de enojo. Tenía y en gran medida mantiene la atracción de la personalidad histriónica y el estilo visceral.
La creación en tiempo real de un nuevo grupo de poder siguió a ese ascenso personal. Por disruptiva que se autoperciba, la creación del poder libertario está muy ligada a la cultura caudillesca que tanto fascinó a los argentinos desde los tiempos de la fundación nacional. ¿Una deriva del sometimiento a los monarcas absolutistas de los siglos precedentes? Rosas y la personalización de la ley en sí mismo pareció registrar esa tradición. Perón fue en su origen retratado como una construcción a imagen y semejanza de los líderes autoritarios europeos de la primera mitad del siglo XX.
Milei no puede ser comparado con ellos. Sería impreciso y prematuro. El dato de que el Presidente nació antes, como dirigente, que la fuerza que lo rodea es sin embargo central para trazar una proyección de su recorrido futuro en el poder.
En el camino a la presidencia, Milei alcanzó a rodearse de un pequeño grupo originario del que quedan pocos sobrevivientes, entre los que se destacan su hermana Karina y Santiago Caputo, enfrentados en una guerra sin tregua.
Desde el principio, una característica de la formación del grupo de trabajo incluye la posibilidad de una desvinculación áspera y sin retorno. Es Karina Milei la que activa la máquina de las cesantías intempestivas según la intensidad del enojo que tenga su hermano con el funcionario caído en desgracia. No hay amores eternos entre los libertarios.
Milei armó antes su gabinete que su partido, y recién ahora, al cabo de dos años, puede verse una relación más directa entre el Gobierno y los miembros de la agrupación que empieza a organizarse en torno a él.
Es el camino inverso que han realizado a lo largo de la historia agrupaciones tradicionales, como el radicalismo. La UCR nació en 1891 como una fuerza escindida de otro espacio y cuando logró llegar a la presidencia en 1916, con Hipólito Yrigoyen, éste era el líder personalista de un partido forjado en años de peleas y de organización interna. Las presidencias radicales fueron encabezados por hombres que previamente habían realizado un largo camino como dirigentes partidarios.
En ese sentido, Milei se parece más a Perón, que desde la vicepresidencia de una dictadura y en especial desde la secretaría de Trabajo y Previsión formó una fuerza sin discriminar de dónde procedían los que iban a convertirse en peronistas. Con esa condición, borraron sus identidades anteriores radicales, socialistas y conservadores.
Entonces la pertenencia a un partido parecía eterna, pero nunca fue tan así. Y mucho menos en estos tiempos, en los que se puede cambiar de partido con la excusa de que sus fronteras tienden a disolverse y la organización interna es un recuerdo cada vez más lejano.
Milei se beneficia de esa laxitud y fue sumando dirigentes con una condición básica: en adelante, él y no otro es su líder en la gestión del gobierno como en la acción política que deriva de ella.
Entre elogios y agravios, el Presidente nunca habilitó alianzas, salvo algunas excepciones en el interior y con ciertos requisitos. Los acuerdos con los gobernadores radicales de Mendoza, Alfredo Cornejo, y del Chaco, Leandro Zdero, no irán más allá de su alcance local. Y en ambos casos proyectan un avance libertario sobre las estructuras ya establecidas en esas provincias.
La alianza en la provincia de Buenos Aires de los libertarios con el PRO fue solo una formalidad que no refleja la realidad de una subordinación en beneficio del oficialismo.
Milei siempre escuchó pero nunca atendió las propuestas de Mauricio Macri de hacer una alianza con el Pro para sumar equipos a la gestión. El Pro terminó primero diezmado y luego electoralmente subordinado a los libertarios. Quienes tienen cargos en el Gobierno debieron abandonar su camiseta originaria al cabo de los dos primeros años.
Si hubiese que explicar cómo ocurre la formación del equipo con el que Milei espera obtener la reelección presidencial y eventualmente conquistar el gobierno de varias provincias, se podría hacer la siguiente descripción:
1. El mando lo tiene Milei y solo lo comparte con su hermana Karina, que decide en función de las líneas generales que aprueba el Presidente. Está claro que manda Milei y que Karina hace y deshace.
2. Hay partes del organigrama manejados por hombres propuestos por Santiago Caputo, cuya influencia pasa más por las líneas estratégicas y de comunicación.
3. Exfuncionarios de Pro tienen una importancia central en la administración. Luis Caputo, en el Ministerio de Economía, extendió su dominio a la Cancillería con el nombramiento de Pablo Quirno. Patricia Bullrich pasó a liderar el Senado luego de dejar a su segunda, Alejandra Monteoliva, en el Ministerio de Seguridad que ocupaba.
4. La gestión política y el armado territorial fue confiado por Karina Milei a dirigentes del peronismo, empezando por los parientes de Carlos y Eduardo Menem.
5. Han sido aceptados dirigentes de distintos orígenes, entre los que se cuentan algunos diputados radicales y de otras fuerzas.
6. En las segundas y terceras líneas el esquema es más heterogéneo y aparecen desde exkirchneristas hasta amigos de los amigos que vieron luz y subieron.
Luego de las elecciones del 26 de octubre, el armado que hizo Karina Milei con la operación directa de los Menem le permite a La Libertad Avanza tener un partido propio en cada distrito.
Crecen en esos lugares las ambiciones de potenciales gobernadores o intendentes. Dependerá de la dimensión que Milei le dé a la pelea electoral de 2027. Puede elegir un combate limitado a la carrera presidencial en la segunda mitad de ese año, o arrancar desde ahora con la larga maratón de elecciones locales que se suceden desde febrero o marzo del año que viene.
Mientras, en tiempo real, mantener una fuerza propia y a la vez gobernar serán una misma cosa. Nada nuevo en este tiempo libertario que los argentinos eligieron darse.




