
Hace un siglo, la obra de Gershwin logró conciliar el género culto con lo popular, y abrió nuevos caminos sonoros; sin embargo, todavía hoy encuentra detractores
Pablo L. Rodríguez
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El conocido director de música de baile Paul Whiteman quiso cancelar su concierto del 12 de febrero de 1924. Lo reconoce en Jazz, la autobiografía que publicó poco después junto a la periodista Mary Margaret McBride. Pero esa actuación, en la prestigiosa sala de conciertos clásica Aeolian Hall de Nueva York, que se había anunciado pomposamente como “Un experimento de música moderna”, terminó siendo legendaria. La idea surgió viendo la fascinación que suscitaba entre el público de esa sala la inclusión de temas de jazz dentro de un recital clásico.
Por Pablo L. Rodríguez
