
Reseña: El peso de las mariposas, de Fernanda Riveros
Cuando las pérdidas son un aprendizaje
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El peso de las mariposas, de Fernanda Riveros (Lanús, 1976) es una narración sobre pérdidas diversas, pero también una novela de aprendizaje.
Que la narradora sea Fernanda, un personaje a priori lateral, es uno de los hallazgos del libro. Está en pareja con Santiago, el sobrino de Delia, una mujer mayor que acaba de perder a su marido. Los olores rancios, el desorden –una presencia recurrente en la novela– aparecen con todo su poder ya en las primeras líneas, cuando ambos entran en el departamento de la tía, en el que todavía está el fallecido. A la narradora le asombra que Delia llame a su marido por el apellido: Aguirre. La señal deja entrever signos de confusión en la mujer. La trama de El peso de las mariposas sigue con una prosa tersa la relación de la narradora con esa otra protagonista, con la que muchas veces debe interactuar a solas debido a los trabajos de su pareja. Desde la cuñada que nunca aparece en el velorio hasta una vecina desconfiada que los confunde con ladrones, desde las expensas atrasadas o la rara situación de que Delia la confunda con otra, o incluso que desaparezca del departamento, se va retratando esa disgregación de la memoria.
Esa experiencia, sin embargo, activa en contraste la memoria de Fernanda y la enfrenta a sus propias pérdidas: la principal, la de su primer embarazo. En esa dialéctica, que traslada su peso a la propia voz narradora, la novela encuentra su espesor, hasta resolverse en los diálogos del final, en una epifanía que se adecua al título, con el peso de esa mano tan liviana que parece reunir todo el caudal de la experiencia y de la edad.
El peso de las mariposas
Por Fernanda Riveros
El fatalista
154 páginas
$ 22.000






