Reseña. Estación Saturno, de Fernanda García Lao
El duelo, en clave de absurdo, humor y literatura de género
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Quizás la muerte sea, de todas las experiencias posibles, la que más se acerca a la literatura fantástica. La ciencia tiene su respuesta, esa que afirma que después de la muerte no hay nada. Aun así las religiones y la literatura se nutren de ese misterio: quizás después de la muerte sí haya algo. El punto de partida de Estación Saturno, la octava novela de Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) es la muerte. Dos hermanos, un hombre y una mujer, viajan en auto por la provincia de Buenos Aires hacia el pueblo de Guaminí. Vienen del entierro del tercer hermano, gemelo del varón, que les ha dejado un gato. Paran en una estación de servicio en medio de la lluvia. Y los gatos, se sabe, suelen escaparse. Lao utiliza al animal como anzuelo: detrás de él irán los hermanos. Lo que van a encontrar es un hotel japonés detenido en el tiempo donde abundan los juegos eróticos, los avistamientos de ovnis y las abducciones.
García Lao juega con el absurdo, con el humor, con el género; hay elementos de la ciencia ficción, del terror. El tono se acerca a algunas películas clase B, o por ejemplo a El hombre que amaba los platos voladores, el film de Diego Lerman sobre el legendario conductor de televisión José de Zer. La autora aclara al comienzo del libro que “Saturno fue una estación ferroviaria del Partido de Guaminí, provincia de Buenos Aires, deshabitada en 1977” en la que se ha registrado actividad extraterrestre. Sin embargo, la novela no se queda en la construcción de una atmósfera bizarra. Lao tiene un estilo muy personal, alejado de las modas, es verborrágica, dada a la poesía, al desborde de imágenes. Dice: “El camino hacia la casa es una huella seca que los pies van mojando.” O: “Cree ver el torso del muerto, presiente un piano, una medusa de pétalos, gallinas nadadoras de ojos clorofílicos.” El tiempo dentro del hotel empieza a plegarse, no coincide con el de afuera y los hermanos no saben si han estado un día, un mes, un año. ¿Acaso se puede medir el tiempo del duelo? Por eso en la sección “Luto”, la voz narrativa se pregunta por el presente, “ahora es mentira, un fuego que ardió hace tiempo”
Hacia el final, a través de la figura de un capitán que parece guiar la escenografía del hotel, la novela gira hacia temas filosóficos: ¿hasta qué punto existe la realidad en un mundo manipulado por tecnologías que a su vez responden a intereses particulares? A Lao no le interesa dar una respuesta, sabe que lo inquietante es el estado de suspensión de los personajes, de las coordenadas tiempo/espacio. Lo que sí brinda es una definición hermosa de la muerte: “la hermana sabe que no volverá a enhebrarse a la secuencia de su vida anterior. Tal vez morir sea eso. Perder el hilo.”
Estación Saturno
Fernanda García Lao
Entropía
148 páginas
$ 40.000
