
Reseña: La extinción de Irena Rey, de Jennifer Croft
La extinción de Irena Rey es una novela única, un remolino feroz de tonos, idiomas, culturas y géneros literarios que no da tregua hasta el final. El centro temático de ese huracán es la traducción literaria: la relación entre el original y el texto traducido; entre Irena Rey, la Autora (sí, con mayúscula) y sus traductores; entre los traductores mismos, que trabajan en la Polonia de Irena, recreando su última novela a distintos idiomas; entre las culturas y tradiciones de esas lenguas; y entre todo eso y el mundo más allá de las palabras, un mundo (sobre todo el natural) que los humanos estamos llevando al borde de la extinción.
La estructura principal es de la del género “misterio”, alrededor de la súbita desaparición de Irena. Pero Croft mezcla ese género con otros: el discurso de divulgación científica; la fantasía –hay fantasmas y figuras legendarias polacas relacionadas con el bosque, un lugar terrorífico al que es esencial salvar–; y la ciencia ficción distópica, cuyo símbolo más impresionante es un aeropuerto abandonado, habitado por los fantasmas de la Historia europea.
Tal vez, los personajes sean el elemento más tradicional de esta mezcla, pero el choque de culturas y personalidades entre ellos es tan intenso y complejo que no se nota: Irena es polaca; la narradora, su traductora al castellano, argentina; al comienzo, sus compañeros se llaman Inglés, Francés, Alemán, Ucraniano, Serbio, Esloveno y Sueco. Tardan en adquirir nombres individuales, pero lo logran de a poco y son cada vez ellos mismos. Alrededor de todos ellos, el bosque perturba y detiene el tiempo. Y por eso, la de Croft es también una historia de terror, tocada por un humor delicioso con el que la narradora también se apunta a sí misma, en algunos casos, sin notarlo.
Es evidente que este no es un libro de lectura fácil, pero, si quien lee entra en el juego y no se deja deslumbrar por los nombres de autores canónicos –importantes pero no esenciales (Nabokov y Pirandello, entre otros)–, la lectura es apasionante para cualquiera aunque, tal vez, los lectores primarios de esta novela sean los traductores literarios ya que gran parte de lo que pasa se relaciona con la tarea y la esencia de quienes traducen literatura. El resultado es una descripción juguetona, terrorífica, profunda de los traductores, esas figuras esquivas, casi invisibles pero indispensables para transmitir el arte literario a través de las fronteras lingüísticas. ¿Esquivas, invisibles pero indispensables? Sí, y así es también la novela de Jennifer Croft: difícil de descifrar, como una imagen repetida al infinito en dos espejos enfrentados.
La extinción de Irena Rey
Por Jennifer Croft
Anagrama. Traducción: Regina López Muñoz
384 páginas, $ 45.900







