Reseña. Un amigo de Kafka, por Isaac Bashevis Singer
Hace no tantos años se publicó la mayor antología de los cuentos de Isaac Bashevis Singer (Radzymin, 1904-Miami, 1991), el Premio Nobel de Literatura 1978. Era un frondoso ejemplar de más de 1000 páginas. Contenía 47 relatos de los más de cien que escribió a lo largo de su vida. La única dificultad del ejemplar era, claro, su peso, algo que habilita selecciones como este Un amigo de Kafka, que toma el título de una de sus historias más celebradas.
Singer, que comenzó a publicar en su Polonia natal, antes de escapar a Estados Unidos por el nazismo, escribió toda su vida en yiddish, un gesto de resiliencia en favor de esa lengua y su cultura, en riesgos de extinción. Su prolífica producción refleja una práctica hoy menos pujante: escribía para revistas.
Lejos de cualquier vanguardia, Singer es uno de esos autores a los que solo le importan narrar. El sabor del original puede paladearse en los argumentos, en las referencias religiosas, las costumbres de su comunidad, pero también en la supervivencia de palabras en yiddish intraducibles a lo largo de esta veintena de cuentos. A la historia del antiguo actor de teatro Yiddish Jacques Kohn, aquel amigo de Kafka, y con esa cruza de buen humor que destilan los relatos a pesar de las eventuales desgracias, pueden agregarse “La cafetería”, “El deshollinador” y “La colonia”, que trata de un viaje a la Argentina, desplazamiento a una colonia entrerriana incluido, y en el que pueden leerse frases deliciosas como esta, dicha por Sonya, una poeta con la que el narrador tiene una historia: “En verano el calor es insoportable. Los ricos se van a Mar del Plata, pero los pobres se quedan en Buenos Aires”.
Un amigo de Kafka
Por Isaac Bashevis Singer
Nórdica
362 páginas, $ 45.500





