Reseña. Una cabeza cercenada, de Iris Murdoch
Una comedia satírica precursora
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Filósofa de formación y por vocación (se especializó en Sartre y el existencialismo, y no abandonó la enseñanza), los libros de Iris Murdoch (Dublín, 1919-Oxford, 1999) parecen novelas de tesis, pero sin una tesis específica. Toda la atención está puesta en la vida interior de sus personajes (por lo que recuerda a una Jane Austen alocada, pero también a Dostoievski), en una disección colectiva que, según el libro, puede ser trágica o cómica. Fue prolífica: su obra supera largamente la veintena de novelas.
Una cabeza cercenada (1961) es de las primeras y propone una comedia satírica en la que ya se entreven los futuros temas de Murdoch: el adulterio, el incesto y esa institución a la que siempre vuelve, el matrimonio, son el corazón del relato. También figura su habitual reflexión sobre el libre albedrío, la moralidad y los ambientes burgueses, sometidos a la irrupción de un elemento perturbador que pone a los personajes en jaque.
Martin Lynch-Gibbon –41 años, comerciante de vinos, que mantiene sin conflictos un affaire con una muchacha más joven– es recibido en un retorno a casa por su mujer, Antonia, más grande que él, que le notifica que mantiene una aventura con su psicoanalista y que le pedirá el divorcio. A partir de ese catalizador, se desarrolla una agridulce comedia de enredos donde se multiplican los personajes y los movimientos: la novela se vuelve relato psicológico coral. Se venía la revolución sexual, y Murdoch –siempre atenta a esas cosas– tomaba nota del fenómeno antes de que nadie lo advirtiera.
Una cabeza cercenada
Por Iris Murdoch
Impedimenta
Trad.: Enrique Maldonado Roldán
268 páginas
$ 43.500



