Reseña. Una forma de cerrar los ojos, de Raquel San Martín
Secretos y desapariciones en “un pueblo chico, infierno grande”
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“El crimen perfecto no es el que no se descubre, sino el que todo un pueblo quiere olvidar”, escribe en un tramo de su novela debut, Una forma de cerrar los ojos, Raquel San Martín (Buenos Aires, 1974). Sobre esa frase construye un policial modelo, ese género que cada vez gana más adeptos, motorizado también por las series que pululan en las plataformas.
La historia comienza, como la de muchos policiales, con la desaparición de una mujer, Daniela Viale, en Arenas del Sur, un pequeño pueblo de la costa bonaerense durante el invierno, ese período de tiempo en el que no hay turistas. Hasta allí llega desde la ciudad de Buenos Aires Paula Holtz, una antropóloga que atraviesa una profunda crisis existencial y sentimental. Esa angustia de la protagonista se materializa en el tono del libro, con pasajes escritos en primera persona que realzan el texto y lo elevan por encima de la mayor parte de la literatura policial actual: “Cuando sea grande quiero ser así: envolverme en lanas de colores para leer todo el invierno, que las cosas del mundo no me toquen, que las cicatrices ya estén secas y yo pueda mirarme con piedad”.
Paula se obsesiona con descubrir qué pasó con la desaparición de esa mujer, porque cree que develarlo será también una forma de poder encontrarse a sí misma. Pero, como toda heroína que se precie de tal, deberá afrontar obstáculos. El primero de todos será su propia madre, que preside la sociedad de fomento del pueblo y que quiere a toda costa que la desaparición no se filtre a los medios de comunicación, para evitar que se malogre la temporada turística de verano. Sobre el vínculo de Paula y su madre, San Martín escribe: “No sé si llamaría familia a mi mamá y a mí. Una familia es una figura geométrica, no una línea que une dos puntos”.
El segundo escollo es el propio pasado de la protagonista: en Arenas del Sur, Paula vivió su primer amor, allá lejos en su juventud, con Ariel. El reencuentro, décadas después, no solo volverá a despertar el deseo, sino también a desenterrar una historia llena de secretos y de tragedia.
Finalmente, la protagonista tendrá que luchar contra el silencio no solo del pueblo, sino, sobre todo, contra el de las autoridades cuando descubra que diez años antes también desapareció una adolescente en ese “pueblo chico, infierno grande”. Y para eso se valdrá no de los representantes ortodoxos de la Justicia –detectives, fiscales y jueces; figuras claves del policial– , sino de dos periodistas.
De lectura ágil, con un misterio que, de manera compulsiva, lleva a pasar página tras página, Una forma de… revitaliza un género tan noble como menospreciado y busca elevarlo a partir de la riqueza de una escritura que se agradece.

Una forma de cerrar los ojos,
Raquel San Martín
La Crujía
280 páginas
$35.000
