Reseña. Yomurí, de Cynthia Rimsky
Al principio Yomurí, la novela de Cynthia Rimsky (Santiago de Chile, 1962) premiada por el Ministerio de las Culturas y las Artes de Chile, parece centrarse en la posibilidad de que Eliza (la esposa de un funcionario de las Naciones Unidas) interne a su padre Kovacs (un exdiplomático e incorregible mujeriego) en una residencia para ancianos. Sin embargo, el argumento toma otro rumbo cuando Kovacs, acompañado por Eliza, decide ir a Yomurí a visitar a Sonya, una hija fruto de otra relación.
Rimsky le imprime a su narración un estilo impetuoso, por momentos caótico y desaforado. No le preocupa modelar una trama demasiado prolija o consecuente. Su estrategia es ir sumando un sinfín de situaciones que mantienen al lector alerta y van apuntalando la estructura de su libro.
En el viaje a Yomurí –donde Sonya hará una “lectura poética”– se suman otros personajes. A Carri, una muchacha que se considera una “falsa blanca” y dice que su verdadero nombre es Verde, la impulsa una búsqueda de su “identidad de origen”. También están Pié y el colorín (enamorado de Verde), que se hospedan en un hogar universitario. Vladimir Ilich, el administrador de este hogar, se crio en una familia comunista y se educó en la Unión Soviética.
El trayecto a Yomurí –en un camión conducido por un chico de trece años– es rico en desordenadas peripecias y se halla condimentado con extensos diálogos (algunos oscilan entre lo cómico, lo críptico y lo filosófico).
En este lugar, con abundantes bosques de pinos, vivieron los yomurís hasta que –según una versión– lo invadieron los conquistadores con el plan de esclavizarlos para que construyeran embarcaciones. Sus descendientes, entre quienes se cuenta el colorín, quieren instalarse en estas tierras que ahora pertenecen a la familia Latorre (dueña de un aserradero) y que han sido objeto de un litigio. En este proceso Kovacs se muestra dispuesto a aportar sus conocimientos diplomáticos y Eliza actúa como veedora. Aunque para ella, en una primera instancia “se reconoció a Yomurí como un territorio independiente, por fuera del Estado nación”, finalmente la Corte ha favorecido a los Latorre.
La novela quizá se alarga más de lo necesario y sorprende con revelaciones postreras que incluyen un ingrediente fantástico. Hasta el final persiste cierta ambigüedad entre la denuncia y lo lúdico.
Podría decirse que Yomurí ofrece una perspectiva neoindigenista al abordar el conflictivo tema de los reclamos de algunas comunidades que creen tener el derecho de ocupar tierras que originalmente fueron habitadas por sus antepasados. Este enfoque no le impide a la autora engarzar elementos de lo más diversos que actúan como anticuerpos para evitar un exceso de solemnidad.
Yomurí
Cynthia Rimsky
Random House
258 páginas
$ 35.499

