
El gran escritor conservó más de dos mil ejemplares hasta el final de su vida, son los que él guardaba en su casa, que leyó y que hizo que le releyeran una y otra vez
“En su habitación Georgie sólo tiene su cama y sus bibliotecas. Nunca ha querido poner ningún otro mueble. Es una habitación muy sencilla y muy pequeña, pero él se siente feliz ahí, le gusta estar así porque tiene los libros a su alcance. Ya no puede ver, desde luego, pero a pesar de eso sabe exactamente donde está cada uno de sus libros. Le basta extender la mano para encontrar el libro que busca, y jamás se equivoca. No sé cómo lo hace, pero el primer libro que alcanza es siempre, exactamente, el volumen que está buscando, sin mirar y sin ver”, recuerda Leonor Acevedo de Borges, la mamá de Georgie, en su libro de memorias editado por Claridad, con textos de Alicia Jurado y el trabajo de edición, recopilación e investigación de Martín Hadis.

