bibliofilia
Argentina
El Gran Libro
Por Rossana Acquasanta
Edición Fotográfica Mariana Eliano
Es la feliz materialización de un proyecto llevado a cabo entre EDITORIAL CATAPULTA y la revista LUGARES, extraordinario compendio fotográfico que se presenta en tapa dura y formato macro: 37 cm de alto x 27 cm de ancho.
El resultado de la comunión CATAPULTA-LUGARES es un viaje excepcional por
los paisajes del territorio argentino y sus protagonistas, exploración que
prescinde de las divisiones limítrofes establecidas y fluye libre, en armónico
desorden, por sus diversidades geográficas y particularidades.
El Gran Libro
propone mirar el país a través de sus colores, texturas y formas para componer
una Argentina absolutamente impresionista, experiencia sensorial que arranca
desde la tapa misma. Para equilibrar este arbitrario ir y venir, están los
cinco textos que atañen a los rasgos sobresalientes de cada región, antesalas
del recorrido y, como cierre, el mapa geográfico que precede un necesario
identikit de las 23 provincias y territorios nacionales.
Esta magna obra,
que abreva por entero en el archivo fotográfico de LUGARES gracias al trabajo
de excelentes profesionales, llega en versión bilingüe.
Buen viaje entonces
por los 2.780.400 kilómetros cuadrados del país en 185 imágenes a través
de 208 páginas.
UN MAR CARIBEÑO EN MALVINAS
Volunteer Point se detecta en el extremo oriental de la gran isla del este, y sólo es posible llegar en 4x4. Desde Puerto Argentino son dos generosas horas yendo a campo traviesa por un pedral tremendo y luego sobre un turbal. Superado el traqueteo demoledor, aparecen el mar –increíblemente turquesa, tan caribeño– y sus únicos habitantes: los pingüinos. Aquí reside la comunidad de reales más grande del archipiélago: 80 cm de alto, plumaje colorido de delicadísimas líneas y las iridiscencias amarillo-anaranjadas en el pecho. Por su parte, los bellos pingüinos gentoo pasean relajados por la playa.
foto: Cecilia Lutufyan
LA TIERRA COLORADA
Realismo mágico y vida salvaje anidan en el corazón ancho de los esteros. Santos
propios que ninguna iglesia reconoce toman el poder en ese mundo de agua; son las
fuerzas protectoras de San La Muerte, de Santa Librada, del Santo Madero… y del
sedimento de creencias guaraníes que derivó en una fantástica prole.
Más al norte,
los caminos conducen a otra realidad también misteriosa, rojiza de herrumbre,
selvática y húmeda. En algún lugar, una cascada ignota lame, incesante, la piedra
basáltica que encubre la espesura entre helechos arborescentes. En algún lugar,
voces animales despiertan bajo la luna.
fotos: Xavier Martín / Sofía López Mañán
LA PAMPA TIENE EL CALDÉN
O Prosopis caldenia, dicho en buen latín, una leguminosa específica de la zona central de la Argentina. Copa ancha como los horizontes pampeanos, alguna vez atravesados por inmensos montes de caldenes. Una altura que arrima a los 20 metros y troncos de más de un metro de diámetro de una durísima madera que fue codiciada en la primera mitad del siglo XX. Entonces el carbón se importaba de Inglaterra, pero con la crisis bélica de 1914 cesó el abastecimiento y se recurrió al caldén. Sobreviven algunos manchones de monte y esos solitarios en plena llanura que el ganado agradece.
foto: Xavier Martín
AZUL PUNA
Al norte de ese Norte extremo que trazan los adobes dispersos y los corrales de pirca, morfologías regulares como continuidad del mismo suelo, estalla el fulgor de los cementerios multicolores y el de los tejidos que recrean manos artesanas. Más arriba de los tres mil metros el aire es tan seco y escaso de oxígeno que cada matiz brilla con intensidad casi irreal: el blanco, blanquísimo hasta el encandilamiento y, el azul, más añil que nunca. Desde Santa Rosa de los Pastos Grandes (Salta) hasta el Campo de Piedra Pómez (Catamarca), los tonos violáceos del azur se imponen así en el cielo como en la ropa.
fotos: Estrella Herrera / Sebastián Pani
LENGAS EN UN DESIERTO
Propia de la Patagonia austral, la emblemática lenga aparece a uno y otro lado de la frontera, hecha tupido bosque con alturas que rozan los 30 metros. En otoño, antes de perder las hojas, el Nothofagus pumilio embellece el paisaje cordillerano llenándolo de rojos en todas sus gradientes, fascinación que dura una semana. Fascinante también es el camino al glaciar Vespignani (Santa Cruz), donde las lengas sombrean los días junto al lago –o laguna– del Desierto, desde mucho antes de que el paradójico nombre avivara la discordia con Chile (1965) y resuelta en 1994, a favor de la Argentina.
foto: Cecilia Lutufyan
AIRE DE CAMPO
No hace falta irse lejos cuando el objetivo es buscar refugio en un pueblo, una estancia de la provincia de Buenos Aires. Un “aquí nomás” desde la gran ciudad donde rendir culto a la fiaca sin tele ni losa radiante, ni delivery; ese deseado fin de semana que pide ser llenado de aire puro, de olor a pasto, a tierra mojada por la lluvia, a fuego de chimenea, con paseos a caballo o en sulky. Dejarse arrullar por la serenata del bicherío nocturno, despertar sin prisa y desperezarse junto a la ventana para demorar la mirada sobre el campo llano. Y, si acaso, devolver el “buenos días” al paisano desconocido.
fotos: Estrella Herrera / Mariana Roveda
ALEGRÍA ALEGRÍA
Eso significa Cusi Cusi, pueblito que de lejos se anuncia reparador por las muchas arboledas de olmos siberianos que lo visten. Pero antes está el camino, signado por mil paradas: las mega dunas de origen volcánico, los cerros verdes de puro cobre, la panorámica del río Tiomayo, y así. Cuando el color del paisaje vira al rojo es señal de Cusi Cusi está muy cerca. Un mirador de fácil acceso acerca, desde la ruta, a una visión que se antoja fantástica: es el Valle de la Luna jujeño, geología impregnada de tonos que van del beige pálido al bermellón más intenso, y –aseguran– de idéntico origen al de San Juan.
foto: Mariana Roveda
EN VUELO
Ardea alba es su nombre científico, símbolo alado de los humedales del planeta Tierra y, por ello, una de las garzas más distribuidas en el mundo. De plumaje blanco níveo, es figura recurrente en los Esteros del Iberá, pero no la única, donde comparte territorio con otras especies, como la garza mora. Esta ave zancuda (a la que en vuelo se antoja de naturaleza angelical) convive con sus pares en el momento de anidar. El garzal es una intrincada espesura de pastos altos, y allí, a resguardo de los depredadores (jotes, caranchos), la hembra pone sus bellos huevos de color celeste.
foto: Sofía López Mañán
RITOS DEL NORTE
Doña Salvadora va sola por el Abra de Zenta, en dirección a Santa Ana,
en el este jujeño. Luce una capa roja bordada y el broche de plata
–representación de la luna y el sol– que la afirma sobre su pecho.
Doña Salvadora va tocada por un sombrero de ancha ala bajo la que esconde,
como sin querer, su rostro. Timidez obliga.
Las silenciosas alturas
de la Puna guardan estas fugaces apariciones, igual que cada tanto se hace
visible la apacheta, túmulo de piedra donde yacen tres ofrendas esenciales:
alcohol, tabaco y coca. Quien las deja da las gracias y los rezos por
el camino hecho, por lo que queda.
fotos: Mariana Eliano / Estrella Herrera
PAMPAS NEGRAS
El volcán Payún Liso se agranda en el horizonte, precedido por una planicie yerma y oscura. Más de 800 volcanes concentra La Payunia, dominio inhabitado del sur de Mendoza sólo comparable a una desolación marciana. Explorar este desierto negro sólo es posible con un guía; no hay caminos señalizados y perderse en el mar quieto de lava de 450 mil hectáreas es un riesgo anunciado. Las pampas negras son arenales formados por lluvias de lapilli o piedritas de lava fragmentada que dan al paisaje una coloración negra, sólo inquietada por los despuntes amarillos de los coirones que la salpican aquí y allá.
foto: Xavier Martín
QUETRÉN QUETRÉN
Paseo fundamental de Ushuaia en ese tren –ahora restaurado y calefaccionado, con mullidos asientos de pana– que, entre 1909 y 1952, transportaba presos, encargados de construir la cárcel que los alojaría. Sobre los mismos rieles corrían las cinco vagonetas desde el presidio –hoy museo– hasta el actual PN Tierra del Fuego, donde los hombres talaban árboles cuya madera servía para encender las salamandras y alimentar la usina del penal. Iban a la intemperie, con los pies colgando y sin importar el rigor climático. De los 25 km del recorrido original, el tren turístico cubre los últimos siete.
foto: Fernando Dvoskin
CASCADA LOS ALERCES
Es uno de los rincones más impactantes del PN Nahuel Huapi, en la provincia de Río Negro, y llegar es una aventura. Se trata de una versión patagónica de la Garganta del Diablo gracias a un declive natural del Manso, precioso curso fluvial que, en este tramo, de manso tiene poco o casi nada. Desde Bariloche son 35 km por camino de ripio con piedras grandes, de manera que sólo se puede abordar con vehículo alto, preferentemente 4x4. El recorrido ascendente se adentra en un bellísimo escenario boscoso de cipreses y coihues y sólo está habilitado de septiembre a mayo. El último tramo tiene horarios.
foto: Xavier Martín
“EL QUE A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA…
Buena sombra lo cobija”, dice el refrán. Pruebas al canto: la abigarrada y generosa copa de un algarrobo prodiga reparo a caballo y jinete en el norte de Santa Fe, más arriba de Reconquista. En estos pagos de humedales el sol del verano es tan impiadoso que sólo en otoño e invierno se puede estar sin sufrir. Algo parecido a lo que sucede en los esteros de Corrientes, provincia de sólida tradición rural. Basta pasar por Riachuelo (en las afueras de la capital) cuando hay remates de búfalos y comprobar que hasta las chicas van de bombachas, botas, sombrero y cinturón con traba de plata.
fotos: Mariana Roveda / Estrella Herrera
LOS HUEMULES
Es una reserva privada que se localiza a 16 km de El Chaltén, Santa Cruz. La delimitan el río Eléctrico por el sur, la RP 23 por el este, una línea imaginaria que atraviesa la laguna del Diablo por el norte y Chile por el oeste. La reserva ocupa unas 5.500 hectáreas, de las que el 95.5% es territorio protegido. Tiene bosques y mallines; una laguna azul, habitada por truchas; la cascadita del río Diablo, que desemboca en la laguna del Desierto; senderos para recorrer durante horas, y el huemul, cérvido autóctono de la Patagonia en serio peligro de extinción que, en 1996, fue declarado Monumento Natural.
foto: Cecilia Lutufyan
UNA LAGUNA AL ROJO VIVO
Salinas, flamencos, vicuñas y todas las posibles tonalidades del rojo se dan en las alturas riojanas que guardan la Reserva Natural Laguna Blanca. Es un paisaje inesperado e impresionante por la intensidad de los colores que dan la abundancia mineral, al que hoy se accede por la RN 76. Esta ruta, prácticamente toda asfaltada, conecta el PN Talampaya con la frontera con Chile, por el Paso de Pircas Negras. Rumbo a la Laguna Brava, aparece el refugio El Peñón, uno de los 14 que hizo construir Sarmiento entre 1864 y 1873, para proteger a los arrieros en su camino a Copiapó.
foto: Celine Frers
MIRADAS
Ella contempla el espejo de agua en el que el paisaje circundante se replica, invertido. Sin viento, y por efecto de una suave brisa, la superficie del agua aparece apenas rizada. Cuando está así, inspira a entregarse a esa calma azul de origen glaciar. Es un lago profundo (hasta 464 metros) y pródigo de recovecos, golfos y bahías, de playas lisas y de las otras, escabrosas. Se llama Nahuel Huapi, como el parque nacional que lo contiene; abarca 557 km2; lo comparten las provincias de Neuquén (en un 80%) y de Río Negro, y de él nace el río Limay. Quizás en qué ensoñaciones navega ella.
fotos: Estrella Herrera / Mariana Roveda
ALTAS Y ESBELTAS
El palmar de Colón, Entre Ríos, es un parque nacional y abarca 8.213 hectáreas. Delgadas y altísimas, las palmeras que le dan sentido se multiplican hasta rozar la costa del río Uruguay, una meditación en continuado de la Butia yatay, comúnmente llamada yatay, y que, en otros tiempos, se extendía hacia Corrientes, Santa Fe y Chaco. Hoy se la ve en retazos aislados en estas tres provincias; la agricultura y el avance demográfico fueron limitando su expansión. Al palmar se accede desde la RN 14. Lo recorren cuatro caminos vehiculares, cinco senderos peatonales y cuenta con dos observatorios de aves.
foto: Florencia Aletta
LLORA, LLORA URUTAÚ
Ave de múltiples nombres (huajojó, kakuy, pájaro fantasma…), su canto es un lamento largo cargado de melancolía. No en vano inspiró en Carlos Guido Spano (1871) el desgarrador poema que refiere la derrota del Paraguay en la guerra de la Triple Alianza, que empieza así: “Llora, llora urutaú./ en las ramas del yatay./ Ya no existe el Paraguay,/ donde nací, como tú./ Llora, llora urutaú.”. El Nyctibius griseus, pariente cercano del atajacaminos, es insectívoro y de hábitos nocturnos. Pasa el día inmóvil, mimetizado con la rama, tronco o tocón donde está parado. Uruatú es su nombre guaraní.
fotos: Xavier Martín
OJOS DE CAMPO
Así se llaman las tres lagunas salinizadas que, al norte de Antofagasta de la Sierra, guarda el salar de Antofalla, zona muy inhóspita de la puna catamarqueña y de difícil acceso. A más de cuatro metros, se detectan estas curiosas lagunas interconectadas; una es de tonalidad rojiza, otra se ve azul y otra, negra. La creencia popular impide a los locales arrimárseles: dicen que allí se muere atrapado. El Conicet, por su parte, demostró la existencia de estromatolitos, responsables de la presencia del oxígeno en nuestro planeta. Es decir que se trata de microorganismos tan antiguos como la vida misma.
fotos: Sebastián Pani / Denise Giovaneli
AL GALOPE
Pasaron al galope, apenas despuntaba el día. Una tropilla de tobianos se hizo visible en la bruma de la mañana y en segundos las figuras desaparecieron, devoradas por la niebla que parecía emanar del lago Meliquina. A su vera fue surgiendo el pueblo homónimo, que se autodefine sustentable, que prescinde de la luz eléctrica, de las estaciones de servicio y de la señal de celular. Es la nueva tierra prometida de quienes rehúyen del mundo híper desarrollado, como es el caso de la cercana San Martín de los Andes. Aun así, ya hay cabañas para alquilar, campings, un hotel, un lodge de pesca y un hostel.
foto: Xavier Martín
