
Arqueólogos descubrieron una tumba milenaria con “antenas” en el desierto del Sahara
La estructura de piedra mide casi 55 metros de largo, fue construida hace más de 4000 años y en su interior se encontró casi intacto un cuerpo humano sin género
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Un equipo de arqueólogos descubrió una misteriosa tumba de piedra ubicada en el desierto del Sahara, cuya construcción se remonta a más de 4000 años. El monumento, que alcanza casi 55 metros de longitud, llamó la atención de los investigadores por su particular diseño: posee dos largas hileras de piedras que se extienden desde su estructura principal y se asemejan a unas antenas.
El estudio fue realizado por investigadores vinculados a la Universidad de Girona y otras instituciones científicas, y publicado posteriormente en la revista especializada African Archaeological Review. Los especialistas lograron establecer que la tumba fue construida hace entre 4100 y 4400 años, lo que permitió conocer con mayor precisión las prácticas funerarias de las poblaciones que habitaron esta zona de África.
Sin embargo, aunque los arqueólogos pudieron determinar cuándo se construyó la estructura y confirmar que fue utilizada para enterrar a una persona, todavía desconocen qué significado tenían las extensiones de piedra que le dieron el nombre de “túmulo con antenas”.

Para conocer qué había debajo del monumento, los arqueólogos realizaron una excavación que permitió identificar diferentes capas de piedras y tierra. En la superficie encontraron bloques y losas distribuidos de manera irregular. Debajo apareció una estructura formada por grandes piedras calizas, algunas de más de un metro de longitud, que protegían el espacio funerario.
Al retirar cuidadosamente estas capas, se encontraron los restos óseos de una persona que había sido enterrada directamente sobre el suelo natural, sin que se excavara una fosa. El cuerpo estaba colocado boca arriba, con la cabeza orientada hacia el sur y las piernas flexionadas hacia uno de los costados.
Uno de los datos más llamativos es que la tumba se encontraba intacta. Los especialistas no identificaron señales de saqueo, alteraciones posteriores ni indicios de que el lugar hubiera sido utilizado para otros entierros.

El análisis de los huesos permitió establecer que la persona enterrada tenía aproximadamente entre 25 y 35 años al momento de su muerte. Los investigadores llegaron a esta conclusión a partir del desgaste de sus dientes, uno de los métodos utilizados para estimar la edad de los restos humanos antiguos. Sin embargo, no pudieron determinar si se trataba de un hombre o una mujer, debido a que algunos huesos necesarios para realizar esa identificación no se conservaron en buenas condiciones.
Además de los restos humanos, se encontraron cuatro pequeñas cuentas circulares elaboradas con cáscara de huevo de avestruz, que posiblemente formaban parte de algún adorno utilizado por la persona fallecida. Estos objetos representan una pista sobre las costumbres de las antiguas comunidades del Sahara, aunque no permiten identificar con certeza a qué grupo pertenecía el individuo.

Los especialistas analizaron fragmentos de dos huesos del individuo, uno del brazo y otro de la pierna. Los resultados coincidieron y permitieron establecer que el entierro se realizó hace aproximadamente entre 4100 y 4400 años. Como no se encontraron indicios de que la tumba hubiera sido reutilizada, los investigadores consideran que esa fecha también corresponde a la construcción del monumento.
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