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Bestiario

Así pide ayuda Susi, la elefanta que está muriendo de pena en un zoológico de Barcelona

Jimena Barrionuevo
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12 de diciembre de 2018  • 00:49

Con apatía, inmovilidad y con largas horas recostada contra un muro con su trompa apoyada sobre una pequeña pared. Así manifestó Susi, la elefanta de 45 años que vive en un zoológico de Barcelona, España, su profunda tristeza por la muerte de su compañera, la matriarca Alicia. Estaba deprimida y muy afectada. Su único estímulo, su único afecto, había fallecido en circunstancias poco claras, delante de ella, y su espíritu estaba acusando el golpe.

Había nacido en 1973 en estado salvaje, pero fue arrebatada de su familia para ser exhibida en un circo. De ahí fue trasladada al zoo de Valencia y más tarde, finalmente encerrada desde el año 2002 en el zoo de Barcelona. "Mientras vivió Alicia, que asumía el rol de matriarca con Susi, al menos se tenían la una a la otra en ese espacio hostil, con suelo de cemento (letal para los elefantes) y tan pequeño que no entendemos cómo se permitió esa vergüenza durante tantos años, y más en una ciudad como Barcelona, estandarte en la defensa de los derechos de los animales", asegura Alejandra García, Directora del Santuario Equidad y responsable de la campaña ELE de liberación de elefantes para la Fundación Franz Weber en Argentina. Hoy Susi padece, como la mayoría de animales que sufren el cautiverio, recurrentes infecciones que en forma crónica se producen sobre todo en sus patas por estar en contacto con cemento.

Crédito: www.freesusi.com

Los elefantes se organizan en grandes manadas a través de grupos familiares y clanes, no saben por naturaleza vivir en soledad. Están liderados por una matriarca, que además como continuidad de especie entrena a otra más joven que ella. En los zoos actuales se violenta esta condición. "Podemos ver elefantas solas en recintos y un cartel al lado que dice: los elefantes viven en grandes manadas, caminan más de 50 kilómetros por día, y lo que vemos es el cuerpo de un elefante que en realidad está ausente, aislado no solo de ambiente natural sino desprovisto hasta su propia naturaleza", remarca García. Es tan vertebral la relación de las familias y los clanes con las matriarcas, que cuando una de ellas muere rinden lo que se podría calificar de ritos funerarios de los que participan manadas que llegan desde muchas partes de para velar los restos. "Se han observado, además, familias que cada año viajan hasta el lugar donde ha muerto una matriarca, toman sus restos óseos con las trompas y los balancean hasta volver a apoyarlos delicadamente en el lugar donde estaban. Los elefantes son grandes maestros y un ejemplo que como especie los humanos deberíamos imitar", añade la especialista.

A pesar de que el recinto en el que Susi pasa sus tristes días sufrió algunas refacciones tras la eutanasia de Alicia, todavía no es suficiente para ofrecerle, al menos, condiciones dignas de vida. Es que actualmente Susi comparte su recinto en el zoo de Barcelona con otras dos elefantas africanas que se incorporaron al lugar después de un tiempo: Yoyo y Bully. "Lo tremendo es que ahora quienes van al zoo ven tres elefantas en un mismo espacio pero que no están socializadas; no se comunican entre ellas, no comparten, no se entienden. Esto es normal en un zoo: las relaciones afectivas entre los animales no son porque sí. Para entenderlo mejor, debemos extrapolar esta situación a la condición humana. Tenemos más afinidad con unos que con otros, tenemos afectos por unos y no por otros, hay personas con las que nos encanta compartir vida, viajes y experiencia, y otras personas con las que no compartiríamos ni un café. Lo mismo sucede con los elefantes: ellas están en un mismo espacio pero no tienen afinidad. Son tres soledades encerradas en un espacio reducidísimo", aclara García.

Crédito: www.freesusi.com

De 600m2 el recinto de las elefantas pasó a 1.000m2. Pero el problema es que allí viven tres elefantas, por lo que el espacio vital está muy comprometido. También fue anulada una instalación interior subterránea, oscura, pequeña y fría, donde de forma obligada los responsables del cuidado de Susi la encerraban cada tarde al cerrar el zoo hasta el día siguiente cuando volvían abri. En su lugar han construido un espacio exterior acristalado para que pueda tener reparo. "Con motivo de estas reformas, que fue una forma encubierta de darnos la razón sobre las condiciones no aptas para albergar elefantas, hicimos una visita con la experta internacional la Dra. Joyce Poole, co-directora de la organización científica ElephantVoices. En esa oportunidad la Dra. Poole fue muy clara: se alegraba de que en el zoo comenzaran a preocuparse por la situación de las elefantas, pero advirtió que aunque el zoo sólo albergara elefantes y que las 12 hectáreas de esta institución estuvieran dedicadas por completo a ellas… el espacio seguiría siendo pequeño y sus vidas muy empobrecidas".

Crédito: www.freesusi.com

Cuando una vida se apaga

La amputación emocional que sufrió Susi con la muerte de su matriarca fue tan grande que hoy muestra un carácter sumiso. Pero aunque su espíritu se esté apagando, Susi puede cambiar sin saberlo la historia de muchos animales que viven en cautiverio y marcar un antes y después en la forma en la que se entienden los parques zoológicos del mundo. Y es a través de un proyecto transmedia que se dio en llamar Susi, una elefanta en la habitación. La propuesta hace un llamado a la acción y pone en marcha un crowfounding (se puede donar hasta el 17 de diciembre en www.freesusi.com) que busca visibilizar su historia y la realidad que viven hoy millones de animales en los zoos de todo el mundo. El proyecto cuenta con la participación del activista por los derechos de los animales músico y actor Argentino Nicolás Pauls, quien pone la voz en una carta escrita por José Saramago a Susi en el 2009 para el cortometraje del proyecto.

Junto a Susi, nueve elefantes que habitan zoos en Argentina ( Pelusa era la primera en emprender el viaje, pero murió antes por una infección generalizada propia de los animales en cautiverio), esperan llegar a sus nuevos espacios de semilibertad en Europa y América. "Aún queda un camino por transitar y para eso se necesita atención, el despertar de la conciencia social de más personas en el mundo. Sobre todo, para entender que cuando hablamos de animales también estamos hablando de fundar o refundar una sociedad con mayor ética y justicia, que realmente nos incluya a todos. Porque, tristemente, las únicas trabas que existen para trasladar a Susi o a sus compañeras, dependen sólo de una decisión política, ya que el zoo de Barcelona es público, no privado, y depende del Ayuntamiento de Barcelona", enfatiza García.

Por eso, el we documental de Susi habla de la cruda realidad de los animales en cautiverio. "Nos dirigimos a niños, jóvenes, padres, educadores y animalistas en un proyecto donde el usuario será un protagonista activo en todo momento, pudiendo sumarse al cambio", declara Ana Luz Sanz, directora del proyecto. Ofrecerá la descarga de una App para visitar cualquier zoo del mundo y hacer un recorrido con un GPS y conocer más sobre los individuos que habitan los zoo y sus historias.

La toma de conciencia no puede esperar. Los elefantes tienen comprometida su supervivencia por culpa del ser humano: somos el único depredador que tienen los elefantes. "Los explotamos como fuerza de trabajo en Asia para cargar troncos de la industria maderera que está desforestando a destajo; como divertimento en zoos y circos, e incluso como atracción turística para montarlos y pasear a lomo. Incluso se los mata por motivos tan vacíos como fabricar adornos para la casa (con el marfil de los africanos), y hasta se hacen bolsos, zapatos y tapizados de auto con sus pieles. ¡Incluso accesorios con los pelos de su cola! . No parece que nos estemos comportando como la especie más inteligente del planeta, un título que nos hemos puesto nosotros mismos y que no parece responder a la realidad", asegura Alejandra García con firmenza.

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