
Cavalier King Charles Spaniel, el perro que nació de una obsesión, lleva el nombre de Carlos III y ahora incomoda a la Corona británica
Fue creado en el siglo XX para recuperar a los perros que acompañaban a la realeza en los retratos de la corte

Antes de que los corgis, los perros chiquitos, de cuerpo alargado y patas cortas, quedaran ligados a la imagen de Isabel II, hubo otra raza que ocupaba un lugar privilegiado en la Familia Real británica: los spaniels.
En 1926, Roswell Eldridge, un millonario estadounidense aficionado a los perros, lanzó un inusual desafío en Crufts, una prestigiosa exposición canina británica: ofreció un premio en dinero a quien consiguiera presentar un spaniel similar a los que aparecían en los retratos de la corte de Carlos II. Pequeños, de hocico más largo y cráneo más plano, como los que acompañaban al rey en pinturas del siglo XVII. Y estaba dispuesto a pagar por recuperarlos.

De ese capricho surgió el Cavalier King Charles Spaniel moderno. La raza que desde hace casi un siglo se vincula a la realeza británica -y que incluso lleva el nombre de un monarca muerto- ahora pone a la Casa Real en una situación incómoda.
PETA, una de las organizaciones de defensa de los animales más conocidas del mundo, le pidió a Carlos III que se desligue públicamente de estos perros y apoye la eliminación de “King Charles” de su nombre. El motivo está lejos de los cuadros y de la nostalgia aristocrática. Tiene que ver con la salud.

Según la organización el nombre real funciona como una forma de prestigio para una raza que arrastra serios problemas hereditarios. En una carta dirigida al rey, PETA pidió que la Corona deje claro que no respalda su cría y que se elimine la referencia a “King Charles” de su denominación.
El planteo no es que Carlos III tenga responsabilidad alguna en el origen de esos problemas. De hecho, ni siquiera tiene un Cavalier, pero el argumento es que la asociación de la raza con la monarquía la vuelve más deseable y contribuye a sostener una demanda que, según la organización, termina alentando la reproducción de animales con una elevada predisposición a determinadas enfermedades.
Y hay un dato reciente que parece darle fuerza a ese argumento. En 2025 se conoció que Carlos III tenía un Lagotto Romagnolo llamado Snuff. Aunque no hubo foto oficial, tres días después de conocerse la noticia, el Kennel Club británico informó que las búsquedas de esa raza en su sitio web habían aumentado un 723 por ciento respecto de los días previos.

El rey no había lanzado ninguna campaña ni recomendado públicamente la raza. Fue suficiente con que se supiera que tenía uno. El interés fue tal que el propio Kennel Club salió a recordar que elegir un perro simplemente porque pertenece a un miembro de la Familia Real no es una buena idea.
Para PETA, ese episodio sirve como ejemplo del poder que todavía conserva la monarquía para convertir una raza en objeto de deseo. Si la elección personal de Carlos III pudo disparar de esa manera las consultas por el Lagotto Romagnolo, la organización sostiene que llevar el nombre “King Charles” también puede funcionar como una forma permanente de publicidad para el Cavalier.

“Llevar el nombre del propio monarca otorga a esta raza tan castigada un sello de distinción que la convierte en objeto de deseo. Por eso, le pedimos respetuosamente a Su Majestad que solicite que se elimine el nombre ‘Rey Carlos’ de la raza y que deje claro que la monarquía no desea respaldar la cría continua de estos perros”, explicó Ingrid Newkirk, presidenta de PETA.
Las enfermedades
La preocupación de los activistas se apoya en problemas de salud de la raza. El Cavalier King Charles Spaniel tiene una predisposición alta a padecer enfermedades cardíacas y neurológicas. Entre las más frecuentes aparecen la enfermedad degenerativa de la válvula mitral y los trastornos asociados a la malformación de Chiari y la siringomielia.
En términos simples, algunos de estos perros presentan una conformación del cráneo que puede afectar el espacio disponible para determinadas estructuras del cerebro y alterar la circulación del líquido que rodea al sistema nervioso. En los casos más severos, eso puede provocar dolor, sensibilidad y problemas neurológicos.
Uno de los signos más llamativos es el llamado phantom scratching (rascado fantasma), que consiste en los movimientos de rascado en el aire, generalmente cerca del cuello, sin que el perro llegue necesariamente a tocarse.

Si bien, esto no significa que todos los Cavaliers estén enfermos ni que todos los que presentan una alteración anatómica sufran dolor, el problema es lo suficientemente serio como para que el propio Kennel Club británico reconozca estas enfermedades entre las principales preocupaciones sanitarias de la raza y recomiende controles específicos para los ejemplares destinados a reproducción.
Pero el debate va más allá de cómo tratar a los animales que enferman. La pregunta es si tiene sentido seguir reproduciendo una raza cuando ciertos problemas de salud forman parte de su herencia genética. En Noruega, esa discusión llegó hasta la Corte Suprema. En 2023, el máximo tribunal de ese país concluyó que la cría del Cavalier King Charles Spaniel, tal como se venía realizando, violaba la legislación de bienestar animal. El fallo no prohibió tener estos perros ni ordenó sacrificar a los existentes. Lo que cuestionó fue la posibilidad de seguir reproduciéndolos cuando existía un riesgo elevado de transmitir características capaces de causar sufrimiento.
Además, la sentencia planteó una salida polémica: la posibilidad de cruzar Cavaliers con otras razas para reducir los problemas hereditarios. La paradoja es que el Cavalier moderno nació, justamente, para recuperar el aspecto que los spaniels de la corte tuvieron siglos antes.

Cómo un perro del siglo XVII volvió a existir
El Cavalier que se conoce hoy cambió mucho desde los tiempos de Carlos II. Durante los siglos XVIII y XIX, los criadores empezaron a preferir perros más chicos, de cabeza redondeada, ojos prominentes y hocico cada vez más corto. Con los años, los spaniels que aparecían en los retratos de la corte fueron desapareciendo.
Por entonces todavía no existía el nombre Cavalier King Charles Spaniel. El tipo de hocico corto se consolidó como King Charles Spaniel, hasta que en la década de 1920 Roswell Eldridge se propuso recuperar el aspecto antiguo que veía en los cuadros. En 1926 publicó un aviso en el catálogo de Crufts. Ofrecía 25 libras al mejor macho y otras 25 a la mejor hembra que se parecieran a los spaniels de la época de Carlos II, con hocico más largo y cráneo más plano. Prometió repetir el premio durante cinco años.

Aunque al principio, pocos criadores aceptaron el desafío porque llevaban décadas buscando justamente lo contrario, la idea fue ganando terreno. En 1928 se creó el Cavalier King Charles Spaniel Club y se adoptó el nombre “Cavalier” para distinguir a ese tipo del antiguo del King Charles Spaniel de hocico corto. En 1945 el Kennel Club terminó reconociéndolos como dos razas distintas. El Cavalier moderno es, por eso, en buena medida una reconstrucción del siglo XX inspirada en los perros que aparecían en los retratos de la corte tres siglos antes.
Los perros de Carlos y Camila
Hasta ahora, Buckingham Palace no se pronunció públicamente sobre el pedido y tampoco hay señales de que Carlos III tenga una relación particular con el Cavalier King Charles Spaniel más allá de la coincidencia de su nombre. Ni siquiera sus perros son de esa raza.

El perro del rey es Snuff, el Lagotto Romagnolo que llegó a la familia en 2025. Camila, en cambio, prefiere los perros rescatados. En 2011 adoptó en Battersea Dogs & Cats Home a una Jack Russell llamada Beth y, al año siguiente, a Bluebell. Beth murió en 2024 y, en 2025, la reina incorporó a Moley, otra perra rescatada de Battersea.
La relación de Camila con sus mascotas llegó incluso al día de la coronación de 2023, cuando hizo bordar en su vestido a sus dos Jack Russell rescatados.

Hace un siglo, Roswell Eldridge quiso recuperar al perro que veía en los retratos de Carlos II. Hoy, los activistas le piden a otro Carlos que haga lo contrario y saque a la raza el nombre que la unió durante décadas con la realeza.



